En lo único que en Paraguay no se llega tarde, a más de colocar adornos navideños, es en lo electoral, anticipándose campañas en todas las organizaciones políticas.
Es prematuro promocionar campañas electoralistas, aunque en este país cuando se trata de buscar algún sueldo del estado, cuanto antes mejor.
Anticipadas luchas intestinas, solo generan desgastes y roces permanentes, que afectan directamente funcionamientos en instituciones regionales y nacionales.
Todos piensan en la posibilidad de llegar a ocupar un cargo electivo, sea como concejal, gobernador, diputado, senador, presidente de la República, de comisión pro-cancha de fútbol o de cualquier estamento donde se puede traficar influencias.
Todo tiempo electoral, tiene un efecto de letargo en las mismas autoridades, que pasan mayor tiempo haciendo política partidaria, antes que cumplir con sus funciones.
Sumado a lo paupérrimo de funciones se tiene el juego sucio constante, sacando a la luz cuestiones personales o acusaciones con el único fin de manchar a eventuales contrincantes de turno. Presiones, amenazas, son algunas de las características de las campañas electorales criollas, pues hay que tratar de sostener apoyos de subordinados.
Se carece de “altura” en la dirigencia de todos los sectores que se dicen llamar políticos, pues el concepto de hacer política desarrollada, no tiene nada que ver con el rubro.
Panfletos por columnas, en plazas, casas, veredas y todo tipo de postes imaginados, volverán a inundar todo espacio público en poco tiempo más.
El incipiente tiempo electoral es perjudicial.
Desde procesados por delitos y crímenes, hasta comunicadores sociales, forman parte de esta amalgama de personalidades buscando no precisamente erigirse como guía de las comunidades, sino como todopoderoso que pueda redituar en beneficios personales.
Otros más avezados en la materia, solo apadrinan a las nuevas y “potables” figuras que pretenden vender a la ciudadanía, como solución a inoperancias, desidias y deshonestidades.
Y como para no obviar las cosas positivas de las campañas, lo único bueno se presentan en los actos de “solidaridad”, donde las asistencias, ayudas, y aportes a sectores más sensibles se multiplican. Donaciones, campañas solidarias a favor de enfermos, recorridos constantes para interiorizarse de realidades, son algunos puntos que pueden ser establecidos como positivos, aunque tremendamente interesados y falsos.
De la misma forma, aflorará el sentimiento humano en todos, y la capacidad de ver las realidades y necesidades sociales. Otros con un bagaje interesante están en campañas permanentes, de modo a no perder ni un solo minuto de dinero público para autopromocionarse.
Estos inicios indudablemente marcarán la pauta de lo que será la cruda campaña electoral que ya se inició, y del que lamentablemente solo podemos desprendernos un par de meses en largos cinco años.
El día en que se impregne el verdadero sentido de la política, será el momento donde solo esperaremos tiempos electorales sanos y útiles, que sirvan para informar, instruir y por sobre todo elegir a personas idóneas con el más elevado sentido de patriotismo y honestidad. Para que esto sea posible, cada ciudadano debe mejorar su capacidad de discernimiento y dejar de ser idiotas útiles.
Se debe exigir que las campañas prematuras no afecten funcionamientos en entes, y que cada quien, en un cargo electivo, cumpla con esa obligación y no solo ver posibilidades de nuevos puestos. Distraerse en codicias, es un mal que debe ser sancionado por el pueblo.
