Editorial

Viáticos

Casi siempre legisladores, sean nacionales y locales han manifestado quejas por retrasos o reducciones de viáticos y vales, sin rubor alguno. Si bien por derecho corresponde esos beneficios, son absolutamente inmerecidos, considerando la improductividad manifiesta. Cabe recordar que el dinero para viáticos, sueldos, y demás salen de los bolsillos de la ciudadanía, por lo que debería interesarnos medianamente más la “producción” de nuestros legisladores, sean ellos, municipales, departamentales o nacionales.

La pobreza intelectual, de patriotismo, de interés hacia el pueblo, son características de las corporaciones legislativas existentes en el país que no ayudan en nada a cumplir con su deber o papel, por lo que resultan verdaderas “cargas” para el Estado, o mejor, para el pueblo. Existen buenos concejales, diputados y senadores, pero lastimosamente son minoría, primando únicamente el criterio político, antes que el significado político: “búsqueda del bien común”.

Los legisladores reciben un extraordinario salario del Estado, además de beneficios como la inmunidad, que más bien sería “impunidad”, sin que existan méritos verdaderos que justifiquen los emolumentos. Un legislador, del ámbito que fuere, debe cumplir con funciones de contralor y generador de leyes, normas, proyectos que beneficien al Paraguay, al departamento o a la ciudad. Pero seguimos teniendo legisladores “calienta sillas” y monosílabos, que el máximo esfuerzo que realizan en una sesión, es levantar la mano, o decir presente.

Para incrementar esta triste y penosa realidad, nos toca llamar “concejal departamental” a quienes salidos de la sala de sesiones se convierten en tristes personajes que, haciendo alarde de su condición, tienen actitudes “patoteriles” creando zozobra y bochornosos espectáculos valiéndose del alcohol. Y esto es sola una muestra de la “fauna” legislativa que tenemos en este “zoológico” país. ¿Culpa de quién? Lamentablemente nuestra culpa. Somos los ciudadanos que hemos elegido, por mayoría, a todos ellos, bien o mal, a través de nuestros votos.

Pero se agrava la culpabilidad cuando nos resignamos en sentarnos y aceptar la desidia de nuestros representantes. Tenemos el derecho, es más, la obligación de exigir acciones a nuestros concejales, diputados o senadores, que al final no son otra cosa más que nuestros funcionarios, pues somos quienes les pagamos el salario. Un detalle bastante importante. La apatía de los legisladores es fruto de nuestra apatía. Si no existe “presión” si no existe exigencia, tampoco habrá respuestas, pues estamos delante de muchos perezosos “funcionarios” que, en mucho de los casos solo ven sus respectivas necesidades y conveniencias.

Y como podemos percibir, no ha sido exclusividad del partido colorado esta realidad, sino un mal compartido de toda la clase política que ha accedido a cargos electivos. Quizás tengamos un nuevo Gobierno, que aún nos infunde dudas, pero que nos animamos a apostar, a votar, a elegir, a confiar. Resta “animarnos” igualmente a tener mayor participación en la vida cívica y política de nuestra querida nación, pues será la única manera de ser partícipes de un cambio profundo, donde tengamos paraguayos preocupados e interiorizados de la realidad nacional; un pueblo que tenga la valentía de enfrentar a los malos políticos y pedirles cuenta al final de cada mandato. Ese es el cambio que nos toca a nosotros construir, un cambio de mentalidad, de visión y perspectiva.

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