Uno de los principios sustanciales de todo Estado es la valoración de lo propio, el real sentido de pertenencia, el amor hacia lo típicamente nacional. No obstante, debido a una amalgama de circunstancias foráneas y hasta propias, nos aproximamos a la pérdida de autenticidad en su máxima expresión. Guerras abominables, ataques extranjeros, mandatarios corruptos, acciones antipatriotas, la impunidad, son algunos de los adornos que engalanan el mediocre amor propio.
La permeabilidad de la personalidad de muchos paraguayos, es lo que lleva a una desmoralización del sentido de pertenencia nacional y valorar lo foráneo, por más estúpido que llegue a ser. La invasión extranjera con modismos fútiles, con músicas estúpidas, y con lenguaje chabacano, surten tremendos efectos en una sociedad que se acostumbró a copiar todo de afuera, especialmente lo malo. El bilingüismo es un hecho invaluable en el mundo, pero sin el valor efectivo a nivel local.
El hecho de vivir en la frontera incrementa notablemente las circunstancias para la inculturación o para la degradación de valores paraguayos. El reemplazo de lo nuestro por lo del vecino, demuestra la permeabilidad de la personalidad ciudadana, que conjuntamente con la permisividad oficial, son detonantes para la pérdida de identidad. Un pueblo que no conoce, no siente y no vive su cultura, difícilmente tenga vida prolongada.
Resulta triste que solo haya amor propio en días en que la selección nacional de futbol gane partidos en las eliminatorias o mundial. Y de esto ya hace bastante tiempo. Una de las responsabilidades más acentuadas por esta carencia de sentirse orgullosamente paraguayo, tiene que ver con la ignorancia, proveniente de décadas de martirio dictatorial, y corrupciones contemporáneas. Mandatarios que solo son noticia mundial, por déspotas, ladrones, o denuncias por corrupción, generan vergüenza y atenúan amores.
El amor a la patria lamentablemente no tiene muchos representantes, por lo que ejemplos tampoco existen suficientes como para socavar mala fama. Ser patriota es querer al país, a su gente, a su cultura. La responsabilidad por el descoloramiento patrio alcanza a los hogares, instituciones educativas y a los medios de comunicación. Las familias que no inculquen a sus vástagos a conocer su cultura, genera apátridas paraguayos.
Los medios de comunicación en vez de cumplir con su rol de educar y fomentar la cultura, dan amplio destaque a lo foráneo, pues el dinero está por sobre leyes y amor propio. La responsabilidad es plenamente compartida. El poco valor y reconocimiento hacia quienes cumplen sus vidas propalando la cultura paraguaya es otro aspecto que rever, teniendo en cuenta que músicos, bailarines, y artistas de todo rubro, son los embajadores de una Nación.
Fomentar progresivamente estos valores en niños, adolescentes y jóvenes, tendrá un efecto altamente positivo, pudiendo recuperar lo que nuestros antepasados sembraron: el verdadero amor al país. Muchos han muerto luchando por la causa nacional, y hoy en día resulta un contrasentido seguir desperdiciando esfuerzos de quienes dieron sangre por la tierra paraguaya.
Un ciudadano que ama a su país lo demuestra cumpliendo con obligaciones y respetando leyes. La honestidad, prolijidad, buen trato y respeto al ser humano, son argumentos de funcionarios públicos que quieren a su país. Autoridades que cumplen con roles, que escuchan a poblaciones, que gobiernan para la generalidad, son verdaderos patriotas que buscan la reivindicación del país.
El Paraguay no puede perder lo que efectivamente lo hace Nación: su gente, heredera de la estirpe guaraní, y del coraje de los héroes que pelearon por el futuro de los hijos de esta tierra forjada por el deseo de libertad y amor propio. La cultura es parte fundamental del crecimiento de un país. Una Nación sin historia y tradición propia, es de cimiento débil, sin una perspectiva futura que garantice si quiera un territorio digno a generaciones venideras. Es tiempo de rescatar y amar lo nuestro.
