Editorial

La ciudadanía debe incentivar mayor utilidad de sus representantes

Quienes nos representan en la Cámara de Diputados y Senadores, mínimamente se destacan por acciones legislativas conducentes y realmente útiles para la generalidad, hecho que debe empezar a ser diferente con el periodo Legislativo que se inicia. La opaca producción legislativa ya no debe ser imagen de representantes del Alto Paraná. Defender intereses ciudadanos no debe pasar por el criterio mezquino de organizaciones políticas.

Si evaluáramos a nuestros representantes, podríamos notar lo lamentable de labores, y el gasto inmenso que representan para las arcas del Estado, por lo que seguir tolerando lo mismo ya es culpa de la ciudadanía. La falta de conciencia en el ámbito político de que no son los representantes de un partido o agrupación, sino de un pueblo, de una región de un departamento que confió su voto para llevar sus necesidades y darles solución, debería ser el motor de acciones.

Responder como súbditos a las órdenes solo de líderes o titulares de movimientos, es la triste realidad de personajes que no tienen cerebro y mucho menos personalidad para plantarse a favor de su zona. Sumado a esta amalgama faunística de mediocridad personal y politiquera, tenemos las constantes campañas electorales en que se enfrascan en diferentes roles diputados y senadores. Ocupar tiempos y energía para hacer campañas, es una afrenta parta un pueblo hambreado y desatendido en sus necesidades básicas.

De la misma forma lo de solo aparecer a la hora de reuniones políticas, encuentros con adherentes o algún evento organizado por grupitos beneficiados con el tráfico de influencias, no debe seguir siendo moda. Esta práctica arcaica de ser jefes de campañas o ser candidatos descuidando funciones y obligaciones legislativas, llevan al mismo vicio de politiquerías baratas que colocan al fondo del pozo a Cámaras del Congreso.

Los especímenes creados por genes de la vieja forma de encarar representaciones deben desaparecer de la vida política. Si prosperan es porque se permite. El ser pagado con dinero de la ciudadanía, y solo traficar influencias a fin de buscar el beneficio propio, merece la pena capital. La responsabilidad de la clase política es mucho mayor a la de tiempos idos, pues el compromiso asumido con el pueblo, tendrá su rendición de cuentas.

Percibir esto, que al final se tendrá que cargar con buenos o malos resultados, debería ser lo más importante, y no insignificantes electoralismos que en la práctica solo sirve para reafirmaciones de megalomanías. La población en general ha dado muestras que labores negativas tienden a ser cortadas con el mismo método de selección: el voto. No aprender con esto, es colocarse de antemano el clisé de socio de la llanura, o de nuevo propietario de alguna propiedad en el denso escenario del fracaso electoral. Mientras la ciudadanía no obligue a sus legisladores cumplir con obligaciones pagadas, seguiremos teniendo solo mediocridad en lugar de representantes.

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