El contexto presente de los medios de prensa a nivel nacional y regional no precisamente se encuadra dentro de los principios de plena ética, coherencia, ecuanimidad y objetividad, notándose cada vez más, la degradación de los propios componentes de la comunicación.
Siendo un hecho notoriamente de gran alcance, la “dolencia” de la verdad, justamente por los vicios desparramados por sus propietarios reales: el dinero de instituciones oficiales, y de mafias, convierten a la comunicación en un elemento político y de búsqueda de impunidad.
Las necesidades materiales propias de los comunicadores que no reciben pagas correspondientes, y que deben hacer malabarismos para poder llegar a fin de mes, por los escuálidos salarios, facilitan el “entre” de mentes enfermas que explota esa necesidad y fácilmente corrompe. Ni qué decir los dueños de medios, que buscan solo dinero “fácil”.
La obligación de ser “alquilado” a cambio de publicidades, es el motivante para que el mercado de la comunicación adquiera ribetes de prostitución. Algunos mayormente por solo querer lucrar de manera rápida, sin rubor, sin asco. Hoy en día son contados con los dedos los periodistas que tratan de remar contra corriente y buscan equilibrar el desnivel en que se cayó.
Hoy la verdad está condicionada al protagonista, pues la exigencia es que todo aquello que afecte la imagen impoluta de referentes políticos que pagan avisos jugosos no deben ser dados a conocer, o tienen que ser atenuados casi totalmente. La degradación de la función del periodista afecta directamente a la misma formación ciudadana por lo que la gravedad se acentúa.
La politiquería está absolutamente impregnada en todos los estratos sociales y lo corroe al punto en que hoy no se pueda definir quién es quién, si villano o honesto. Es extremadamente fácil para medios contar medias verdades y hacerlas parecer como absolutas por dinero. Los comunicadores de vocación sobreviven a pesar de los embates cada vez más fuertes de la misma necesidad o del interés que se pueda tener en ese mismo contexto.
La ecuanimidad se ve alterada cuando se “protege” a quienes estafaron a instituciones a la par se recibe paga de mafias, así como ataques rotos de objetividad, llevando temas de connotación social a lo personal. No resulta extraño ser “sirviente” no precisamente de la realidad. Existen situaciones que obligan a replantear la actividad de comunicar, pues no poder diferenciar afinidades, amistades o intereses económicos, no es fomentar la función específica.
No se está cumpliendo con las funciones esenciales de la comunicación, porque no existen más alternativas para los seres humanos que fungen de periodistas, y como señala el mismo pasaje bíblico “la carne es débil”. De la misma manera que los rubros de las fuerzas vivas de la sociedad experimentan especímenes que más bien solo son serviles a intereses propios, la comunicación nacional y regional tiene a esas mismas sub-especies de periodistas que solo se desviven por quienes los alimenta con los zoquetes. Mediocridad más hambruna.
La opción es única, y pese a todo lo que significa dificultades humanas, no es argumento para ser fundamentalistas de la información y solo pintar lo que conviene pintar. El comunicador no debe ser genuflexo de políticos o de instituciones, sino de la verdad. Aparecer como luchadores de la corrupción, pero nunca haber atacado a los más viles, es la misma hipocresía que adornan vidas de falsos líderes que crean ilusiones en base al mismo cretinismo social.
Los medios de comunicación somos absolutamente responsables de la debacle de la verdad, y es momento de recuperar la esencia perdida. La inmoralidad personal de periodistas es el peor drama que una comunidad puede sufrir. Pese a necesidades, vicisitudes, cada comunicador tiene el deber de denunciar lo incorrecto y valorar lo correcto. Pero cómo lidiar con realidades de tener al mismo propietario o jefe como bandido?.
La responsabilidad por emitir falsedades a solo efecto de dañar necesita un castigo, y cualquier línea periodística de medio pelo para bajo conoce que ese tipo de “pecados” como mínimo implica sanciones. Los medios deben dejar de ser creadores de hipócritas figuras, y no aprender a convivir con monstruos de la mafia que destruye futuros de la generalidad. Se tergiversa para mantener líneas periodísticas, y lo peor que algunos creen que ello es aplaudible.
No se muestra todo el panorama de un hecho, solo la parte manipulable y que pudiera incrementar imágenes negativas de quienes no gozan de la bendición del dueño del medio, o carece de “condicione$” para ello. La degeneración alcanzó a cada estamento de la Nación, por lo que no hacer una autocrítica de algo que no es especulación sino realidad, solo acelerará el proceso degenerativo de la misma prensa.
