La dirigencia nacional que asumirá los hilos del poder en agosto venidero, debe proponer trabajo más serio y dejar de lado la misma inoperancia del gobierno para dar soluciones a los males perentorios.
Este nuevo Gobierno será un desafío crucial no solo para Santiago Peña, sino para todo el Partido Colorado, pues se debe demostrar que años anteriores erráticos pueden amainarse con la correcta administración esperada por el pueblo.
La idea del cambio tiene tiempo contado, por lo que efectivamente tratar por lo menos de minimizar las necesidades de la población nacional, deben darse desde ya. Trabajar enserio es necesario si de veras existe interés en traer buenos tiempos para la población. Independientemente a los problemas planteados por los que se van, las necesidades instaladas hace décadas requieren de acciones que puedan frenarlas desde ya.
El nuevo Presidente no debe perder demasiado tiempo en nimiedades, deberá optimizar la utilización del mismo para traer respuestas, y demostrar que la población no se equivocó, pese a la percepción poco alentadora. La inseguridad que no varió en años, la salud pública “gratuita”, son puntos fundamentales que no pueden seguir.
Los problemas que recibieron a gobernantes anteriores, serán los mismos que “abrazarán” a Santi, pues los mismos gozan de plena salud y en algunos de los casos hasta fortalecidos por la corrupción.
Se requiere de mayor energía hacia las dificultades. El Mandatario deberá dejar de lado cuestiones personales, para al menos ocuparse de obligaciones presidenciales. Repetir lo de “vivir en una burbuja”, quizás propiciado por asesores que hacen ver un país de maravillas, será tan aberrante como la hipocresía en que muchos de ese círculo viven.
Es hora de despertar a lo que se prometió, pero por sobre todo es momento de actuar. Cinco años aguardan realidades diferentes para un país aún sumido en el mejunje originado por despilfarros e impunidad. Este será el tiempo que marque en definitivas el epitafio político del grupo que gobierna el Paraguay, o el despegue definitivo a seguir al mando. Ya no hay margen para especulaciones o errores, el período de gracia fue sobrepasado con creces y hoy las necesidades hicieron nudo en la soga alrededor del cuello de manera anticipada de quienes administrarán el poder.
La población en general ya conoce de lo errático, de la incoherencia y hasta de lo pintoresco de sus sucesivos mandatarios, por lo que será tiempo de mostrar algo diferente. Mezquindades fueron las verdaderas muestras de las administraciones centrales. No más retórica, y visiones irreales. El pueblo merece mucho más de lo que se expuso hasta el momento. Ninguna confianza inicial debe ser quebrantada por inacciones o por más de lo mismo.
La ciudadanía ya no “come vidrio”, y deberá estar atenta a reclamar promesas incumplidas y deberes constitucionales asumidos. Los plazos corren mucho antes de lo propio. El Gobierno que desarrollará el poder debe seguir el camino distinto de grandes fiascos de la historia paraguaya, y no mantener el mismo ritmo cansino de incongruencias y acciones que no benefician a la generalidad, solo a unos pocos que llenaron sus bolsillos mediante el poder.
