Editorial

La ciudadanía debe incentivar mayor utilidad de sus representantes

Quienes representarán al Departamento en la Cámara de Diputados y Senadores, mínimamente deberán destacarse por acciones legislativas conducentes y realmente útiles para la generalidad. La casi histórica opaca producción legislativa de muchos, es la clara imagen del nivel de preparación y trabajo desde escaños donde teóricamente deberían defender intereses ciudadanos.

Si se evaluara a representantes, se podría notar lo lamentable de labores, y el gasto inmenso que representan para las arcas del Estado. Esta improductividad no es casualidad, sino directamente proporcional a la capacidad e interés hacia deberes asumidos cuando imploraban por votos. La deuda es grande desde este sector político, y salvo honrosas excepciones, la perspectiva no es muy alentadora para periodos que arrancarán.

Para sostener con mayor sustento lo expresado, caben sencillas preguntas. ¿Cuándo se ha escuchado o visto que mensualmente los diputados o senadores rinden por proyectos elaborados y presentados al pleno? O que van a los medios de comunicación para informar que han concretado algún beneficio para el Alto Paraná?

La falta de conciencia en el ámbito político de que no son los representantes de un partido o agrupación, sino de un pueblo, de una región de un departamento que confió su voto para llevar sus necesidades y darles solución, debería ser el motor de acciones y no repetir actos de mediocridad. Responder como súbditos a las órdenes solo de líderes o titulares de movimientos, es la triste realidad de personajes que no tienen cerebro y mucho menos personalidad para plantarse a favor de su zona.

Sumado a esta amalgama faunística de mediocridad personal y politiquera, tenemos las constantes campañas electorales en que se enfrascan en diferentes roles diputados y senadores. Ocupar tiempos y energía para hacer campañas, es una afrenta parta un pueblo hambreado y desatendido en sus necesidades básicas. Es momento de ver a diputados o senadores recorrer barrios o municipios del interior a fin de recoger inquietudes y llevar soluciones fuera de tiempos electorales.

La práctica arcaica de ser jefes de campañas o ser candidatos descuidando funciones y obligaciones legislativas, no debería seguir, pues lleva al mismo vicio de politiquerías baratas que colocan al fondo del pozo a Cámaras del Congreso. Los especímenes creados por genes de la vieja forma de encarar representaciones deben desaparecer de la vida política, y dar paso a la “nueva especie” que no es otra cosa que efectivamente actuar como políticos, en pos del bienestar general, no del particular.

La involución es tan notable que ni siquiera genera rubor en sus expositores. La vergüenza ya dejó de ser propia, y fue reemplazada por la mezquindad en su máxima expresión. El ser pagados con dinero de la ciudadanía, y no cumplir con los designios del “patrón” pueblo, es la desobediencia más dañina y perjudicial para todo un país que aspira a nuevos tiempos.

La responsabilidad de la clase política es mucho mayor a la de tiempos idos, pues el compromiso asumido con el pueblo, tendrá su rendición de cuentas. Percibir esto, que al final se tendrá que cargar con buenos o malos resultados, debería ser lo más importante, y no insignificante electoralismo que en la práctica solo sirve para reafirmaciones de megalomanías.

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