Editorial

Se debe evitar el repetitivo error de tener lazarillos “tuertos”

En forma repetitiva y adrede, en instancias del Gobierno Nacional, así como en los demás estamentos, se ha manejado en base a recomendaciones de unos pocos autodenominados avezados en la administración pública, pero realmente solo “capacitados” en la política criolla y en el “arte” del robo del dinero público.

Es así, que la historia permite repasar que, en sucesivos períodos, los referentes tuvieron poca o nula experiencia política-administrativa, lo que obligó a valerse de “lazarillos” en la vieja práctica de manejo de personas. Y como todo proceso pareciera retrotraerse, no sería extraño que directores, jefes, y autoridades gubernativas, no sean expertos en temas públicos, por lo que sería lógico rodearse de quienes pueden sostener de manera correcta la administración pública, no por un criterio netamente político.

Un Presidente, Gobernador e intendente, debería ser consciente de esta carencia, pero lo que no se debe perder de vista es que el riesgo presente es que sus propios guías lo pueden conducir a una inesperada situación de desgaste, por posturas inadecuadas e inacciones cómplices. Integrar una “legión” de lazarillos torpes y ciegos para lo útil, pero astutos para el “malandraje” y manipulación, ya se ha notado como absurdo y poco útil. Aliados que ahora son detractores, exfuncionarios que actúan como francotiradores y así se suma un conjunto de errores que llevaron al fiasco.

Las nuevas autoridades tienen mucho por reflexionar, primordialmente sobre quienes confían sus ideas e intenciones, y a quienes escucha para tomar decisiones, si en verdad se desea despegar de lo mediocre, para convertirse en administraciones más operantes, en un actuar más digno del pueblo. La falta de visión no puede seguir para alguien que fue electo y aceptó el desafío de conducir mejor la gestión gubernamental. Es más que necesaria una reevaluación sobre quienes marcarán la pauta, pese a vínculos inquebrantables.

No ver más allá del mundo que le infunden lazarillos con fuerte mal de la vista, o en todo caso con una intención insana de sucumbirlo literalmente, solo tiene un destino. Vivir solo mirando una perspectiva, o solo considerar perspectivas planteadas por un grupúsculo con intelectos bien dudoso, no puede tener otro resultado. El concebir nuevas posibilidades de instrucción, o al menos puntos de vistas de sectores menos comprometidos con intereses mezquinos, debe ser una alternativa válida para quienes asuman en agosto venidero.

Un pueblo atribulado por politiqueros que desvalijaron al país, es cada vez menos tolerante de observar cómo se convierten “ladrones” en multimillonarios a costa del dinero público. Apoyos interesados, no pueden ser considerados como puntos a favor en presuntas amistades sobre el cual se cimenta confianzas. Un buen Jefe de Estado necesita en su entorno alguien que discrepe, cuestione, y apoye útilmente en la construcción de ideas valederas para fomentar nuevas perspectivas.

Un can para no videntes es mejor guía en muchos de los casos, no siendo diferente en la administración estatal. El panorama sigue siendo incierto, y esto solo favorece a especulaciones que conducen a desconfianzas a una ciudadanía que va en proceso de crecimiento en su capacidad de discernimiento. La decisión deberá estar en manos de Peña, de nadie más. Es quien debe tener una postura más adecuada y despejarse del manejo sucio de su entorno electoral. La dirección no puede ser señalada por “tuertos”.

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