La valentía única de bravos paraguayos que dieron un basta a las cadenas opresoras que no permitían tener una patria a un pueblo noble y merecedor, quedó perpetuada en aquel 1811, como el legado más relevante de exponentes de una incipiente sociedad autónoma.
Hijos de esta bendita tierra que mostraron de la esencia que forja al paraguayo y que su autodeterminación no era más que un derecho innato.
Los yugos no son propios de seres humanos y de ello eran conscientes hombres y mujeres probos, que sembraron la semilla libertaria. Nombres escritos con tinta indeleble, que quedan como cimiento de un país: Capitán Pedro Juan Caballero, Fulgencio Yegros, Vicente Ignacio Iturbe y Mauricio José Troche, Fernando de la Mora, Juana de Lara, Juan Valeriano Zeballos y José Gaspar Rodríguez de Francia, entre otros grandes patriotas.
Imborrables de la historia del corazón de Sudamérica.
Pero penosamente ese inicio libertario, esa valentía y amor a la patria, no fueron acompañados en su real necesidad, teniéndose en este tiempo males que encadenan al pueblo, pese a los 212 años de la acción más noble emprendida.
Ultrajes salvajes de cobardes agresiones venidos de Argentina, Brasil y Uruguay, no menoscabaron ese valor, que nuevamente tuvo en frente la opresión y el deseo de destruir la autodeterminación de la sangre guaraní.
Años de la búsqueda de la plena independencia.
Hoy se siguen librando batallas, donde los de esta tierra aún están sumidos bajo el yugo de la falta de dignidad, de trabajo; azotados por la pobreza, la corrupción de los dirigentes y de la desesperanza por los vicios de amorales.
Miserables conductas de quienes manipulan la verdad para seguir en cargos de poder, de quienes han saqueado asquerosamente el dinero para escuelas, plazas, puestos de salud, medicamentos, vacunas, pero siguen gozando del poder. Estos hoy son los adversarios, los opresores, inmundos seres que se valen de la política para enriquecerse.
Las mentiras oficiales del poder, la mediocridad, oprimen al pueblo.
No se honra ni por asomo el sacrificio hecho por los hombres probos.
Falta de una buena salud pública, la tremenda inseguridad, así como la desidia de décadas, subyugan a la ciudadanía, y la carencia de líderes positivos lleva a la desolación.
La falta de independencia total, es un efecto de cómplices de dirigentes que surcaron los rincones de cada espacio del territorio, permitiendo despojos, negociando para beneficio propio los bienes del Estado y literalmente robando en nombre del mismo pueblo.
La lucha firme por tiempos mejores es la consigna de los nuevos patriotas, que coinciden en sueños con los próceres de Mayo. Y hoy nuevamente levantan esperanzas los jóvenes estudiosos, y con ello perspectivas de que las cosas no seguirán como lo habitual, pues el grito de “basta” hace retroceder al más caprichoso maligno.
La memoria de los grandes hombres, convoca una vez más a quienes son los herederos de la Patria a buscar la independencia útil con el bienestar general.
No solo es responsabilidad de la administración nacional el seguir las huellas de esos grandes paraguayos, sino autoridades municipales de Ciudad del Este y de la Gobernación del Alto Paraná, que hasta el momento solo son valientes y honrados en propagandas, redes sociales y en la mente estrecha de subalternos.
La mediocridad administrativa debe abrir paso reales transparencias y a la aplicación correcta de los recursos oficiales. Hacer Patria en el Este, es exigir que las autoridades dejen de mentir y robar.
La falta de libertad total debe reimpulsar el llamado ciudadano a expresar reivindicaciones y como aquel 14 y 15 de Mayo, salir a las calles a exigir lo que por derecho le corresponde.
La unidad de los actores sociales hacia lo positivo, ayudará a vencer a enemigos comunes del paraguayo: la pobreza, la ignorancia, la corrupción y la apatía.
Es hora que los referentes nacionales, regionales y locales emulen comportamientos y acciones patriotas y muestren algo más que meros discursos hipócritas.
Todo augurio de real independencia del Paraguay, seguirá siendo mera expresión de deseo, si de una buena vez el pueblo en conjunto no toma las decisiones correctas y que beneficien a la generalidad.
Criticar en redes sociales, y tener la desvergüenza de ni siquiera haber votado en elecciones, es de gente que no suma para el bien de nadie, solo autojustificando su desinterés comunitario, fustigando a los “corruptos” y alzar la bandera irracional de dementes que se autoasignan popularidades que no se percibieron en papeletas ni en máquinas de votación.
No se es patriota por cerrar calles, y atacar a ambulancias. No se es patriota por revindicar la anarquía, y llamar a quienes utilicen un mínimo de racionalidad, despojándose de fanatismo, miserables. Un patriota es quien ama profundamente su tierra, trabajando por el bien común, y arriesgando si fuere necesario todo en pos de la defensa de los derechos de todos. La defensa de valores, de las buenas costumbres, la historia y la cultura propia, si son acciones patriotas, y que se debe exigir prevalezcan en el acciones de las autoridades que asumirán en agosto venidero. Ser contralor real y objetivo de las conductas oficiales, también es deber y obligación del ciudadano, que de esa manera hace patria. Cada quien obrando en beneficio del pueblo, y buscando disminuir la brecha generada por el mismo ser humano. El respeto al derecho de todos es la base de la construcción de sociedades. La patria necesita de todos estirando hacia el mismo lado, no fomentando divisiones ni engendrando violencias contra propios compatriotas. Hay tareas pendientes, que deben ser cumplidas, y en todas ellas la directa injerencia ciudadana encamina a cumplirlas.
