Editorial

“Olvido” de la transparencia

Resulta bastante pintoresco el actuar de ciertos políticos de la zona, que además del delirio de grandeza, presentan un “alzhéimer político”, que los hace olvidar promesas de campaña y hasta de honorabilidad que, quizás, en algún momento de vidas desde el anonimato del poder tuvieron.

Este  deterioro cognitivo, acompañado por trastornos conductuales, no debe confundirse con síntomas verdaderos de la dolencia neurodegenerativa, sino con el más claro paso de la mezquindad personal venida de electos por el pueblo.

Es propio del paraguayo el tener memoria flaca, pero no al punto de no recordar posturas firmes de ayer, para pasar a tener una visión diferente inmediatamente por arte de magia. Que lo diga Miguel Prieto que “olvidó”, entre otras tantas cosas, mordaza al acceso de la información a grupos civiles que custodian, sin fines de lucro, transparencia en la función pública.

Y es precisamente eso ocurre con la administración actual de la intendente de Ciudad del Este, que olvida constantemente la transparencia.

El indisimulado propósito de defender lo indefendible, lógicamente hace que salga perritos falderos, que salen a ladrar por cuestionamientos objetivos del grupo que se sorprendió por la inconducta documentada del Jefe Comunal.

Jugar con la inteligencia de la ciudadanía es una práctica aberrante de quienes solo buscan beneficios propios en contra de la generalidad.

La práctica politiquera es un vicio repetido, y mejorado en la gestión del “sobrenatural” seudo masón.

Reclamar ahora sobre visiones fantasmales, referente a persecuciones porque “ñandekó”  es potable candidato a la presidencia, es un chiste, un verdadero chiste de muy mal gusto.

Llevar todo al lado de la politiquería, tratando de ganarse respaldos cuando se es criminal, es un populismo que no suma, y que más temprano que tarde tendrá sanción merecida.

La incoherencia es síntoma de despropósitos, y la desmemoria selectiva, se cura con aplicación de ley.

La política engloba los ideales más nobles de la humanidad, mientras que la politiquería insulsa solo produce pobreza y denigraciones. Fingir demencia cada vez que se visualiza malvivencias, solo sirve para iguales de miserables, ratas que se aprovechan del dinero de la ciudadanía.

La población espera actitudes muy diferentes a las vistas hasta ahora. Solo hablar de honestidad y no producirla desde el ejecutivo, no es justificable.

El coraje de mostrar lo que se hace y no, es destacable, más todavía si viene de organizaciones sin fines de lucro, por lo que debe tener acompañamiento de la población en general, y por sobre todo conocimiento sobre lo que se hace en pos de la lucha contra la corrupción.

Dejarse llevar por meras especulaciones, o puntos de visión de unos pocos que lucran indebidamente desde el tráfico de influencias,  no debe ser el reflejo de opiniones propias. Interiorizarse del accionar de las autoridades es función del ciudadano, además de representar una garantía propia que charlatanes no persuadirán  a incautos.

La mejor forma de combatir a politiqueros es conocer sin sesgos la realidad  y no permitir que nefastos personajes de la fauna criolla bloqueen informes sobre asuntos sustanciales para la población y sigan robando al pueblo.

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