Editorial

Méritos para ser botados

La reelección en política, no es un derecho adquirido por costumbre, estructura partidaria, clientelismo o manipulación electoral. Mucho menos un premio automático para quienes ocuparon cargos públicos sin dejar una sola obra relevante que justifique seguir administrando recursos de la ciudadanía. Pero en nuestro país, y puntualmente en el Departamento del Alto Paraná, pareciera instalarse exactamente lo contrario.

Intendentes y concejales municipales ya están fijados en listas de sus respectivos partidos políticos, para el operativo de permanencia, buscando extender mandatos pese a que en uno, dos y hasta tres periodos de gestión no consiguieron cambiar sustancialmente la realidad de sus respectivas comunidades. Y lo más grave es que muchos pretenden vender como “logros históricos” simples tareas administrativas que forman parte de sus obligaciones básicas.

¿Qué ciudad del Alto Paraná realmente mejoró su calidad de vida en los últimos años gracias a la gestión municipal? La respuesta objetiva es que, siendo incluso generosos con el análisis, el 99 por ciento de las comunas incumplieron promesas electorales. No existen transformaciones urbanas significativas, ni sistemas eficientes de tránsito, ni planificación seria, ni recuperación integral de espacios públicos, ni soluciones definitivas para problemas históricos como desagües pluviales, basura, inseguridad vial o crecimiento desordenado.

En demasiados municipios, por no decir todos, las administraciones se limitaron a sobrevivir políticamente. Algunas ni siquiera eso hicieron correctamente. Mientras tanto, los concejales municipales, que deberían ejercer el rol de contralores y representantes de la ciudadanía, terminaron convertidos en simples levantamanos del intendente de turno. El servilismo político reemplazó a la fiscalización. La conveniencia personal desplazó al compromiso ciudadano.

Y así, las juntas municipales pasaron a funcionar más como oficinas de validación de intereses sectoriales que como verdaderos espacios de debate y control institucional. Lo preocupante es que, aun con semejante pobreza de resultados, muchos vuelven a presentarse como si fueran imprescindibles. Como si solamente ellos pudieran continuar proyectos que en realidad jamás concretaron. La democracia concede oportunidades. Pero también exige responsabilidad ciudadana. No se trata de negar reelecciones por capricho o fanatismo. El problema aparece cuando la mediocridad pretende eternizarse utilizando estructuras políticas, prebendas y asistencialismo para mantenerse en el poder.

Y allí es donde el electorado debe actuar con memoria. Si en años de administración no hubo avances reales, si las promesas quedaron archivadas en campañas anteriores, si las ciudades continúan iguales o peores, entonces el mensaje ciudadano no puede ser tibio. Lo que corresponde es el “boto” popular. No como expresión de odio, sino como legítimo mecanismo democrático de rechazo a la incompetencia.

Seguir otorgando segundas, o terceras oportunidades a autoridades que ya demostraron incapacidad de gestión termina convirtiéndose en una forma colectiva de resignación. Las ciudades del Alto Paraná necesitan resultados, planificación, autoridades con capacidad, visión y coraje para transformar comunidades que siguen creciendo en población, pero no en calidad de vida.

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