Editorial

La juventud que debe incomodar

Como es habitual en los periodos electorales, se da el desfile repetido de los mismos apellidos, las mismas promesas recicladas y los mismos personajes que descubren, milagrosamente, su vocación de servicio unas semanas antes de las elecciones. Pero entre esa maquinaria desgastada, existe una necesidad urgente de la incorporación real de jóvenes a las listas para juntas municipales.

No jóvenes decorativos para llenar cupos, posar en fotografías o manejar redes sociales de candidatos desgastados. Ni “renovaciones” que terminan pensando y actuando exactamente igual que quienes llevan décadas usufructuando la política. Lo que se necesita son jóvenes correctos, idealistas, preparados y con una ética suficientemente fuerte como para incomodar estructuras corrompidas por la obediencia servil.

Y en Ciudad del Este esa urgencia es todavía mayor.

La Junta Municipal hace demasiado tiempo dejó de ser un órgano serio de control para convertirse  en una oficina satélite del Ejecutivo municipal de turno. Cambian los colores, cambian los discursos, cambian las campañas publicitarias, pero la práctica sigue siendo blindar el uso del dinero público, aprobar documentos sin análisis profundo, evitar cuestionamientos incómodos y transformar los pedidos de informes en actos casi ofensivos.

La fiscalización desaparece y en su lugar aparece el aplauso automático.

Resulta hasta irónico observar cómo algunos sectores construyeron durante años un discurso moralista contra el viejo esquema clientelar y autoritario, solo para terminar reproduciendo exactamente los mismos vicios apenas acceden a espacios de poder. Porque lo servil no tiene color partidario. La sumisión política no deja de ser corrupción simplemente porque quien la ejerce no sea colorado. El problema nunca fue únicamente un partido; el problema es la cultura miserable de convertir las juntas municipales en escribanías obedientes.

Una coorporación legislativa seria debería incomodar al intendente, no actuar como departamento de relaciones públicas del Ejecutivo. Debería exigir informes, revisar licitaciones, cuestionar gastos, debatir prioridades y ejercer presión institucional constante. Para eso existe. No para levantar la mano mecánicamente mientras alguien decide el destino del dinero ciudadano entre cuatro paredes.

Y allí aparece la importancia de los jóvenes con convicciones auténticas. Porque todavía conservan algo que muchos viejos de la política perdieron hace tiempo: la capacidad de indignarse. La posibilidad de creer que la función pública no debe ser un negocio ni un pacto de silencio.

El problema es que el sistema suele expulsar precisamente a esos perfiles y premiar a quienes aprenden rápido el arte de callar, obedecer y acomodarse.

Ciudad del Este necesita una nueva generación de concejales que entienda que controlar no es “traicionar” al intendente, sino cumplir con el deber para el cual fueron electos. Jóvenes que comprendan que la lealtad verdadera debe ser hacia la ciudadanía y no hacia un grupo político circunstancial.

Cuando la Junta  deja de controlar, la corrupción encuentra terreno fértil. Y cuando el servilismo se normaliza, la democracia local se degrada hasta convertirse en una simple formalidad administrativa donde unos pocos deciden y los demás solo firman.

Renovar rostros no alcanza. Lo verdaderamente urgente es renovar conductas.

Últimas

Inicio