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Mons. Miguel Fritz pide en Caacupé, despertar ante tanta corrupción y nepotismo en Paraguay

Monseñor Miguel Fritz, obispo del Vicariato Apostólico del Pilcomayo, criticó de manera directa el despojo de tierras a comunidades indígenas, la discriminación estructural y la falta de justicia en Paraguay. “El bien común no podemos soñar, mientras que sufrimos la falta de justicia”, afirmó al iniciar un mensaje que apuntó al Estado, al INDI, a las élites y a los desalojos violentos que continúan afectando a los pueblos originarios.

“¡Ojalá, que alguna vez, el INDI cumpla su función ahora una vez más con un nuevo presidente; y vuelta su oficina (aunque más que precaria) a Asunción como es necesario y debido sin que los vecinos rechacen la presencia de indígenas en su barrio! – ¡Qué triste testimonio!”, expresó.

Recordó que “los indígenas son expulsados de su tierra, vienen a la capital, donde son expulsados de las calles. No son solo sin tierras, son sin calles, sin ningún lugar donde sean bien recibidos. ¿Cómo dijo acertadamente Mons. Gavilán: “Valoramos al Guaraní, pero no a quienes nos lo heredaron’”. Y subrayó: “El bien común no podemos soñar, mientras que siguen discriminación y racismo en nuestra sociedad”.

El obispo interpeló al Gobierno por la falta de presupuesto para garantizar derechos: “¿Cómo piensa el Estado que sean cumplidos sus derechos, en parte bien plasmados en el Plan Nacional de Pueblos Indígenas pero: sin asegurar el presupuesto necesario?. El Bien Común no podemos soñar, mientras que no tenemos un presupuesto que considera a los sectores más necesitados”.

Invocó también a los profetas Isaías y San Pablo para llamar a la conciencia nacional “Necesitamos justicia, tu justicia”. Y advirtió que Paraguay no puede seguir “con los ojos cerrados sobre toda ante tanta injusticia, tanta corrupción, tanto nepotismo, tanto enriquecimiento ilícito”. En un tono crítico, retomó palabras del Papa: “Vemos crecer algunas élites de ricos, que viven en una burbuja muy confortable y lujosa, casi en otro mundo respecto a la gente común”.

Fritz fue categórico al señalar que el problema de fondo es la tierra: “El bien común no podemos soñar si no hay tierra suficiente para indígenas y campesinos”. Denunció que, pese a que el Estado entrega viviendas dignas, “para muchos, esto queda un sueño, no realizado”. Y lamentó la contradicción nacional:

“Tanto más indigna tener que ver siempre de nuevo, familias humildes campesinas y especialmente indígenas ser despojadas de sus habitaciones: siguen desalojos violentos de comunidades enteras, a veces por fuerzas del orden público (aunque uno puede preguntar, qué orden se crea, cuando se queman casas y chacras, dejando niños con sus padres llorando en la calle); y otras veces por ‘servicios’ contratados, enviados por un estanciero, como pasó en Karapá el mes pasado”, dijo.

También apuntó a la impunidad de invasiones dentro de territorios indígenas: “Por otra parte, no hay ningún apuro para desalojar invasores quienes se colocan dentro de tierras indígenas y hasta arman estancias, como es el caso de Loma”.

Visiblemente cansado de repetir año tras año el mismo reclamo, expresó: “Ya me cansa tener que repetir todos los años este mismo grito contra los desalojos injustos e inmisericordes de comunidades indígenas. ¿Hasta cuándo, Señor?”.

“Realmente es hora de despertar. No podemos continuar con los ojos cerrados, sobre todo ante tanta injusticia, tanta corrupción, tanto nepotismo, tanto enriquecimiento ilícito”, se explayó y expuso: “vemos crecer algunas élites de ricos que viven en una burbuja muy confortable y lujosa, casi en otro mundo respecto a la gente común”.

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