Desde las corporaciones legislativas nacionales, hasta llegar a las comunales, todas brillan; pero por la inutilidad, no precisamente por lo proficuo de las acciones de sus integrantes. La vergüenza ronda casi todas las juntas, unas por el sometimiento exclusivo a las pretensiones de los ejecutivos y otras por la oposición plena, en busca de beneficios propios.
A nivel departamental tenemos exposiciones plenas de bipolaridades, donde nadie siquiera puede arriesgar mencionar si se es oposición u oficialismo. No por cuestión de objetividad de sus miembros que votan a favor cuando es correcto o en contra cuando no corresponde, sino por lo maleable que resultan sus “apreciacione$”.
La división en todas las bancadas es también un signo de pretensiones encontradas, o descontentos por no ser atendidos en sus requerimientos. Discusiones constantes sobre nimiedades, insultos, gritos, en sesiones, son reflejo del nivel de muchos de sus integrantes.
Algunos culpaban a la conducción de los legislativos, como el que imposibilitaba relaciones aceptables con ejecutivos, pero en la práctica era una queja por no tener mayor sometimiento. La improductividad de los ediles no pasó por su presidencia, sino por los intereses mezquinos de sus miembros que por todos los lados buscaban beneficios propios para pretensiones políticas venideras.
La verborragia de supuestos profesionales concejales que actúan sin el control de razonabilidad, y dejan la “lengua” al manejo de instintos politiqueros, solo buscan ganar espacios en medios y de esa manera ser tenidas en cuenta, pues por el trabajo legislativo, ni si quiera sus vástagos los conocerían.
Algunos siguen con la idea que vilipendiando lograran la aceptación de la ciudadanía. Sigue primando cavernícolas visiones de la política en Juntas que hasta la fecha sigue sin cumplir con su verdadero rol. La nueva dirigencia, no implicará renovación del actuar de los ediles. Si seguimos en el mismo nivel de votar a favor o en contra, condicionando empedrados, dinero o puestos, la denominación de “Junta de la vergüenza”, le quedarán corta.
La inoperatividad es dañina, más aún cuando sus salarios están saliendo del dinero del pueblo. Buscar ensuciar a las autoridades y olvidarse de trabajar, es la misma inutilidad que siempre caracterizó a especímenes de la fauna politiquera del país. Demasiado poco para tan importante cargo, y para tantas promesas. Los intereses son ampliamente superiores a la objetividad y a la cordura.
Los ediles de la región solo logran consensuar posiciones, a la hora de elecciones de mesas directivas. La preponderancia política se obtiene mediante el trabajo, y en este tiempo, es aberrante buscar protagonismos cambiando radicalmente de posición, por empedrados, ya que las críticas, amenazas no surten efecto. Son contados con los dedos, quienes someramente entienden para qué fueron electos, y cuales son verdaderas funciones.
Ser títeres de líderes o de autoridades, es de esbirros que tendrán corta vida política. Hasta ahora sigue siendo lamentable la labor legislativa de las corporaciones. Dejar de lado actitudes egocéntricas, y desprenderse de lo “hilos” del titiritero para buscar cumplir con los designios del cargo, será el inicio de la maduración de los integrantes de legislativos, y redundará en los primeros pasos serios.
