El tiempo pasa, los problemas acechan, y sucesivas gestiones de los diferentes rasgos de “cambio” de timón, poco o nada varió. El Poder Ejecutivo, seguido del Legislativo y el Judicial, comparten el lamentable letargo hacia los beneficiosos para la generalidad, quedando en una quimera el tan prometido cambio de realidades. Secuestros, así como los robos y asaltos diarios, no han amainado, y la zozobra, el miedo conviven con la ciudadanía que votó por autoridades para la solución de los problemas, pero mayormente se pasaron buscando soluciones a intereses propios.
La salud pública en picada constante, casi siempre orillando el caos y la desgracia, la falta de trabajo en el mismo nivel desesperante para miles de familia, cuyos componentes solo engrosaron, en el mejor de los casos, listas del sub-empleo, y otros la del sub-mundo de la delincuencia, son realidades presentes y que reciben a los nuevos integrantes del poder. Lo de contar con los mejores “hombres” dentro de los cargos públicos y binacionales, se espera se pueda sentir desde el inicio de gestiones, y no solo en manifestaciones de deseo.
No deja de ser cierto que los partidos políticos solo han colaborado con la mezquindad, y otros desde la llanura sangrando por la herida, solo “vomitando” a cada tanto, críticas a acciones y nombres patentados por ganadores de elecciones. Todo este status quo es responsabilidad de quienes conducen desde diferentes estamentos los hilos del país. Si el Paraguay aletarga, es precisamente porque los responsables caminan milímetros hacia la honestidad, trabajo y ética, mientras que a la velocidad de la luz se conducen hacia beneficios propios.
La función de un dirigente político no es sencillamente criticar y criticar, sino proponer y trabajar en pos de conducciones útiles para la generalidad, independiente al supuesto color que dicen defender. Los pasos son extremadamente lentos como para levantar ánimos de la ciudadanía que ve como se desperdicia tiempo como para cumplir con las promesas que hasta el hartazgo se comprometieron, pero nunca cumplieron. Toda la clase política que comparte ineptitudes, en grados diferentes. La falta de conducción real, posibilitó el caos y hasta en cierto grado una anarquía del que surgen incluso civiles armados que fungen de guerrillas y que someten a poblaciones enteras por la ausencia del Estado.
Aquí sí se tiene con precisión clara quien debe ser el responsable de conducir al país en materia de política de seguridad pública, pues está en sus manos las fuerzas del orden, por lo que hay tarea que cumplir de manera correcta desde el arranque. El codearse con personajes nefastos de pensamientos retrógrados y que sostienen un rencor hacia todo lo que provenga de la democracia, es someterse a principios que no sirven para este tiempo. Generar un ambiente de pura crispación, nunca será alternativa de mejoras para la generalidad.
La población ya observó lo suficiente de nimiedades, por lo que este es el tiempo de trabajar por el cambio, y por lo menos alejar por un momento mezquindades. Evidentemente la situación no será de las mejores, pues la realidad atropella con históricas deficiencias. Los electos por la vía legal, están no solo compelidos por una ley en papel a cumplir con obligaciones, sino con sociedades enteras que dieron el aval para que hoy ostenten el poder. Hacer sentir ese poder ciudadano, es también un deber de la gente que ya no debe esperar mucho tiempo como para actuar en consecuencia.
