Editorial

Muertes en rutas no cesaron

Hechos luctuosos en las vías de la región, que tiñen de sangre rutas y partes policiales en forma constante, sin que estas situaciones generen el mínimo de conciencia, o por lo menos prudencia, marcan la realidad que no varió, pese a mejorías de trayectos y creaciones de carreteras.

Alta velocidad, ineptitud, alcohol e irresponsabilidad, son los ingredientes de esta mezcla   que sigue enlutando a familias paraguayas.

No existe control alguno que pueda contrarrestar las muertes y lesiones, si a ella no se agregan el mínimo de responsabilidad correspondiente como para erigirse en conductor de cualquier vehículo.

El “crimen” de colocarse al mando de un rodado, con el aditivo de la bebida alcohólica, es la principal causa de muertes en nuestras rutas.

Todo pasa por la conciencia, y es justamente aquí donde se acentúa la preocupación, pues lo más inexistente es eso.

El poder determinar que un adelantamiento indebido, la alta velocidad y el alcohol, solo conducen a un fin certero: el daño a sí mismo o a terceros, puede salvar vidas y evitar la exposición a esta patología que mata más que todas las enfermedades juntas.

El imprimir rigor a los controles en las rutas, es un paliativo interesante, pero no la solución, pues al pago de multas nuevamente se vuelve al mismo nivel de irracionalidad y todo sigue igual. Sumado al negocio de los controles, todo se compra, todo se evade.

El castigo de por vida a quienes conducen con excesos tendrá un efecto más importante. Enfermos adictos al alcohol y a la irresponsabilidad, no pueden utilizar las rutas para sus acciones suicidas y perjudiciales.

Al pedido de que “alguien debe hacer algo” al respecto, deberíamos considerar ¿qué hacemos para contrarrestarla?. Es ineludible que la exigencia de mayor rigurosidad en controles y sanciones, debe compadecerse igualmente de responsabilidades generales. Esto implica que a la hora de adquirir cualquier vehículo debamos pasar por exámenes rigurosos de aptitud y actitud.

La habilitación para conducir no puede seguir teniendo como requisito el pago del canon.

Insistir con una mayor rigurosidad a quienes se convertirán en conductores, es muchos más valioso que colocar barreras los fines de semana.

Somos parte del problema, como también de la solución, pues debería ser tan normal apelar a la conciencia antes que castigos por sencillas prácticas enmarcadas dentro del sentido común humano, y regulado por el riesgo permitido.

Hasta los animales, cuya acción es netamente instintiva, no se someten al peligro sin sentido, por lo que resulta demás calificar a irresponsables ciudadanos como animales.

El rediseño de la estructura vial, es una iniciativa interesante, pero no es la solución al mal, que proviene de la misma mentecata conducta de quienes perdieron la noción del peligro y del respeto.

La situación no varió y los accidentes siguen matando más que todas las epidemias juntas.

El problema sigue siendo el ser humano, cuya falta de tino lo lleva a perecer absurda y prematuramente.

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