En cuestiones políticas, negociaciones y acuerdos son hasta comunes en la idea de aglutinar, sumar en las pretensiones de turnos, o asumir cargos que requieren mayorías coyunturales.
Estas realidades solo pasan por unidades coyunturales buscando cargos o intereses monetarios, pues acciones con tinte de bondad, honestidad, coherencia, amor a la ciudadanía y muy trabajador, quedan supeditado a respaldos o críticas.
Esto no es ficticio, ya que por los ejemplos de “grandes” líderes utilizan la discordia, mentiras, y la hipocresía para atraer a su redil, y avanzar a su pretensión primera y fundamental, el cargo.
Los parias, inútiles, y sin respaldo de ayer, por arte de adhesión se convierte en fundamentales políticos.
Conforme a respaldos o no se bautiza a políticos. Es imagen plena de la politiquería.
Aunque la historia dejó claro que la concepción política incluye la ética, la moral, la coherencia y los demás altos valores altruistas, este tiempo nos re-enseña que la adaptación a la hipocresía, la amoralidad y al esquema del “ fin justifica los medios” es lo que rige a políticos.
El que ayer te “escupía”, pasa a ser el que a distancia de acuerdos te abrace, y todo esto sencillamente por intereses económicos primordialmente.
La participación en política, rara vez pasa por el ideal de la búsqueda del bien común.
Aunque todos esgrimen el mismo discurso, la realidad los delata.
La política no mudó, los que variaron a esta esencial rama social fueron sus expositores, que ante la carencia de requisitos correctos apelan a falsear conductas e inconductas.
En este tiempo la política es sinónimo de bajeza, mentiras y ataques.
Es líder, no precisamente el más coherente, sino el más hábil a la hora de persuadir.
El íntegro no tiene cabida, solo en autoconcepciones ante la prensa.
La política criolla es afirmativamente un fenómeno, y dista bastante de lo que realmente es.
Existen innumerables ejemplos de lo afirmado, pues en los estamentos del poder político, resaltan verborragias, “cegueras”, y genuflexiones aberrantes.
En la búsqueda de algo al menos medianamente concordante con los principios de la verdadera política, penosamente debemos declararla desierta. Nadie se salva.
El silencio hasta cómplice de la sociedad hace que permanezcan estas sub-especies del rubro.
Mientras la población sea ignorante tanto sobre sus derechos, como de obligaciones, los únicos favorecidos serán quienes se disfrazan de autoridades.
Una ciudadanía instruida, conocedora del manejo de los recursos públicos, que paga sus impuestos, y exige su inversión en las comunidades, será el primer peldaño para la reingeniería política.
Otro punto ineludible, es que de las familias salen los exponentes de la sociedad, de ahí la necesidad de fomentar valores en hijos, de modo a que se pueda aspirar a una sociedad correcta, y políticos menos mercenarios.
