El “blindaje” con que cuentan legisladores, y otros exponentes de los demás poderes del Estado, no precisamente cumplen con el objetivo inicialmente ideado para la inmunidad. La idea del fuero es para dar una tranquilidad legal para que un legislador, sea diputado o senador, pueda desempeñar funciones sin chantajes o presiones de poderes.
No obstante, sin ser ningún descubrimiento, no ha variado en nada su utilización para delinquir. Ejemplos no faltan como para enumerar los legisladores que lo utilizan constantemente. Desde vinculados con narcos, hasta ladrones de la cosa pública. Esta forma de pensar, que el poder es para hacer lo que la gana instintiva le parezca, es de mentes insanas y desvorganzadas. De ninguna manera la inmunidad puede encaminarse a la impunidad.
Es triste, penoso, que de manera repetida los del Congreso manifiesten disparates, salvo honrosas excepciones. De la misma forma, la inmunidad no habilita al disparate, a la payasada o la delincuencia. Un Poder Legislativo que únicamente resalta por la inconducencia, colabora para no alcanzar el cambio y esto ya no debería repetirse.
No solo el Poder Ejecutivo es el que debe encarar de manera diferente su rol, sino el pleno de ambas cámaras. Senadores y Diputados no pueden seguir demostrando que son más de lo mismo. La politiquería barata, es la que expone comportamientos como el que prácticamente todos los días se ve, oye y percibe. Y teniendo en cuenta los “nuevos” legisladores, poco o nada se tiene expectativa que varíe.
A veces hasta resulta simpático como representantes cuestionan conductas irregulares de funcionarios del Gobierno, cuando no son capaces de una auto-crítica por los mismos comportamientos. La incoherencia, el tráfico de influencias, la oposición por oposición y el resentimiento, son acciones que no deberían seguir siendo regla legislativa. La construcción de un nuevo Paraguay pasa por una conciencia real de la necesidad de modificar viejos esquemas corruptos.
En ese rubro, el Parlamento juega un papel preponderante, pues marca claramente el equilibrio político a la administración del país. La importancia de tener mejores legisladores es sumamente alta en esta apuesta ciudadana de tener un real cambio en el país. Si el Poder Ejecutivo es errático, no lo es menos el legislativo, mientras que el Judicial es otro nido de corrupción.
Esta mezcla explosiva de mezquindad, es lo que ancla al país en la mísera para la mayoría y opulencia para un grupo mercenario. Falta una renovación sustancial de quienes pregonan la politiquería, pero no solo sencillas sustituciones, sino reemplazar la mafia por la acción encaminada a solucionar los males del país. La inmunidad mal-utilizada debe llevar a replantear mecanismos más sencillos para despojar a falsos diputados o senadores del blindaje.
No para emprender una cacería de brujas, sino posibilitar que no sea inalcanzable sancionar a quienes transgreden normas jurídicas, éticas y morales. La inmunidad hasta ahora es solo el manto que los protege de la ley. La ciudadanía debe tener en cuenta las actuaciones y expresiones de cada uno de quienes por cinco años disfrutarán de sobrenatulares poderes, e ingresos económicos inmerecidos.
