Editorial

La errónea idea del poder para dirigentes mediocres

Si bien los orígenes de las sociedades han estado marcados por férreas y sangrientas batallas que datan desde la misma concepción de la inteligencia humana, o más bien desde la percepción de que persuadiendo a los incautos se podían lograr objetivos personales, este es el tiempo en que la práctica sigue firme y campante. La historia cuenta que primero dominó la fuerza, con la violencia pueblos hunos dominaron grandes extensiones tierra, erigiéndose en amos y señores de la época. Pueblos enteros vivían únicamente para guerrear.

De esta etapa sobreviene un período que, si bien implementaba la fuerza como armas, lo cimentaba en la inteligencia y la “diplomacia”. Y acentuando lo histórico, de este último período hemos adquirido la realidad de dominio que pasó a denominarse política, una concepción aristotélica para definir el poder para el bien general.

Nuestra realidad contemporánea de pujas, o disputas para obtener aceptaciones o liderazgos, quizás no empuñen armas, pero si la astucia, en el grado más dañino posible. Lamentablemente sigue imperando la maldad manifiesta sobre el interés de la mayoría, siendo argucias moneda corriente en la mercantil politiquería barata egocentrista de autoridades, o de algunos que se autoproclaman líderes, o anhelan serlo.

Se tienen ambientes institucionales integrado por verdaderos buitres que solo esperan la hora de que algún “correligionario” caiga para por sobre el mismo cimentar sus ansias de poder. En el presente incluso antes mismo de asumir cargos, ya juegan en contra a la espera de sumar algo a propios bolsillos y preferir la mediocridad política antes que la posibilidad de fortalecer a propias organizaciones políticas.

La situación de incertidumbre en ambientes del oficialismo país, de luchas intestinas, colabora en mucho para que las dudas sean aprovechadas por personajes de la escuela de Maquiavelo, para obtener ventajas. A nivel regional se sigue teniendo personajes pintorescos de esta fauna, donde lo ayer malo, hoy es bueno, dependiendo del interés que se persigue. Incoherencias no son fruto del azar, si no de intereses por colocarse en un sitial donde se pueda tener prensa y hacer discursos pobres, sin sentidos, irreales.

Personas que se autodenominan representantes de organizaciones o líderes políticos, que viven de la carroña, no precisamente exponen los más altos ideales humanos. Conflictos entre autoridades de instituciones regionales solo sirven para medir el grado de incoherencias y megalomanías. Desde el momento en que se sobrepone un título, un estatus, o un cargo por sobre la humanidad, es cuando se sobrepasó la línea de la conducta moral, ética, y cristiana.

Quizás con mucha más astucia que los “bárbaros”, pero con el mismo nivel de violencia contra el ser humano, y contra principios fundamentales que diferencian de las demás especies de la naturaleza. Caprichos, terquedades, o delirios de grandeza, han sucumbido a la misma Roma en tiempos del Imperio, por lo que creer que esta forma de conducta podrá redituar en beneficios, es una errónea idea de política.

El pueblo está cansado de conflictos de intereses mezquinos, y espera ver, alguna vez, a verdaderos patriotas que elevan al más alto nivel a la ciudadanía y deja de lados egos desmedidos. Se debe aprender de realidades, y divisiones, mezquindades, solo sirven para que la comunidad a la que se representa o se engaña, siga sucumbida en estructuras medievales. El poder es para convertirse en cabeza de progreso general, no solo de proyectos personales o de movimientos políticos. El cretinismo poblacional no es eterno, y a medida que transcurre el tiempo se van dejando moldes desfasados de pereza y desinterés. Es hora de hacer buen uso del legado de la política y no solo “escupir” mediocridad pintada con populismos.

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