Editorial

La desinformación adorna opiniones de autoridades

Muchas veces la irresponsabilidad adorna actuaciones de exponentes de diversos rubros, oficios, profesiones y cargos, que solo deja al descubierto poca preparación, así como la desinformación que los guía. Se lanzan críticas o quejas por lanzar, sin más criterio que el conocimiento superficial de fundamentales temas que deberían ser manejados a cabalidad para lanzar apreciaciones o cuestionamientos. Más aún cuando se tratan de representantes del pueblo, como concejales, diputados, senadores.

Quizás cargados de razón, pero con escaza argumentación, autoridades políticas pegan el grito al cielo por “arbitrariedades”, que en la realidad solo se conocen someramente o son percepciones totalmente equivocadas. Las apariencias engañan. La falta de información real, total, profunda y sustancial de la materia cuestionada, es inadmisible y debería causar vergüenza en cualquier que se precie de medianamente preparado.

Hablar por hablar, o dejarse guiar por politiquerías son vicios de quienes no aportan nada de importante para la comunidad a la que representa. “Serias” suelen ser más bien aspectos ignorados por la estrechez de mentes de perorateros, que viven del ruido, pues es solo lo que tienen para ofrecer al pueblo que de tanto hartazgo de mentiras e inacciones se comportan bajo similares criterios que lo generado por el experimento de Pávlov.

Valerse de algo tan sensible como la necesidad de la gente y llamar a todo lo que se emprende oficialmente como “corrupto para notoriedades propias es un maquiavelismo palpable y lamentable. La ignorancia es artículo de lujo para manipuladores mercenarios. Ediles, diputados, senadores que estudian, que investigan antes de emitir opiniones o críticas, en vez de hacer marchas populistas para impresionar, no es precisamente de inoperantes o faltos de criterio.

No es cuestión de tibiezas, sino principios de madurez intelectual para que cualquier denuncia tenga mayor incidencia y no pase de ser golpes mediáticos similares al “agua cero” ante el “desierto” de respaldo popular. La “base” de muchos legisladores electos está cimentada por la vieja escuela de hablar por hablar. Comprender lo que implica ser primero legislador y luego político, marcará los nuevos tiempos de la manera de pensar y vivir a quienes ostentan el poder. Quizás exista buena fe, pero el método elegido de arremeter sin muchos argumentos, criterios, no sirven y mucho menos se adecuan al actuar de quienes fungen de representantes del pueblo.

Lamentablemente varios de los miembros de las corporaciones legislativas a pesar de ser instruidas no se mesuran y dejan al exterior verdaderas personas. Y en ese contexto, penosamente “lo que Salamanca no da, natura no presta”. El despropósito muchas veces se antepone a la objetividad, y se utiliza como bandera de batallas contra molinos de viento. Prolifera el grito y el vandalismo, bajo argumentos tendenciosos, con muchísima imaginación, a fin de arropar inconductas que los encamine a alguna posibilidad de acrecentar el poder para beneficio de enfermas mentes gananciosas.

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