Editorial

Lo incorrecto prospera sin oposición

El mundo politiquero “regala” especímenes interesantes que lastimosamente como terapia causan risa. Muchos de quienes ostentan el poder y otros que pese a no tenerlo legalmente  lo ejercen, son como verdaderos balones que aparentan grandeza, pero no tienen absolutamente nada sustancial dentro de sí. Aquellos que hablan mucho y hacen poco, aquellos que tienen ataques neuróticos cuando ven adversarios políticos y que “vomitan” improperios denotando amarguras internas. Solo llenos de aire de grandeza.

Autocalificados líderes políticos a quienes se les cae la baba con angulemas y genuflexiones de súbditos que con la idea de permanecer en cargos o ser “tocados” por la generosidad con dinero ajeno se prestan a la humillación. Vacíos de alma, de humanidad y de patriotismo. Politiqueros que visten caretas de bondad para esconder inmundas personalidades, que buscan el caos como medio de vida, y aprovechan cualquier situación para buscar beneficios.

Muchos que actúan como mansos corderos para persuadir, para buscar respaldos, y en la verdad son déspotas que hacen valer preferencias mediante la picana de la extorsión, chantaje y aprovecha la necesidad del prójimo. Políticos de baja estatura moral, favorecidos por las bromas macabras de la vida solo suman para el anecdotario de las cosas del mundo del revés. Dirigentes de la “oposición” que gozan de la fresca viruta, sin entender que solo son presas de una trampa que los conduce a la división y por ende al fracaso.

Estas dos situaciones, de vacío y falta de percepción de lo que ocurre por la comodidad de disfrutar de unas gotitas del poder, tienen empobrecida la política para alcanzar algún cambio. La esperanza de tiempos diferentes, de avances y de erradicación de la corrupción, del prebendarismo, clientelismo y libertades plenas, quedan cada vez más gastadas por comportamientos poco concordantes con promesas electorales.

Cada quien por su lado, cada quien cuidando zoquetes y otros llorando por la llanura, abren paso para que un grupito menaje a su antojo los hilos del país. Mientras los que deberían estar atentos a los fenómenos sociales y políticos prefieren luchas intestinas, retrógrados radicales trabajan en pos de ideologías, y mafiosos accediendo a espacios de poder. Nada de patriotismo, lejos del interés por el bien común, la clase política sigue revolcándose en propias mediocridades. Son sus propias propagandas por lo que a cada día que pasa solo logran repulsión.

La ciudadanía avanzó un peldaño más en el discernimiento, en la idea de castigar a quienes no hacen bien sus deberes. Este avance no ha sido acompañado por sus representantes políticos, por lo que están obligados a desprenderse de pesos politiqueros que los retardan en el proceso de evolución. Hasta el momento la clase política permite el crecimiento de grupos de resentidos que cobran fuerza en las narices de quienes se autocalifican como aglutinadores de la mayor parte de la población paraguaya. La presión social debe hacerse sentir sin más trámites como para la politiquería sea la excepción, no la regla como en la actualidad.

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