Editorial

La consciencia de lo que se decide

Un nuevo episodio de la democracia se vivirá este domingo, cuando los ciudadanos de los 263 distritos del país acudirán a las urnas para elegir a quienes estarán al mando de municipios durante los próximos cinco años. Se elegirán intendentes y miembros de las Juntas Municipales, pero, en realidad, lo que estará en juego es el fututo inmediato de sociedades.

Cada voto será una expresión de lo que la ciudadanía espera de su comunidad. Por eso, el acto electoral es mucho más que una jornada de fanatismos, lealtades partidarias o intereses particulares. Elegir autoridades municipales significa decidir quién manejará los recursos de todos, qué prioridades tendrá la gestión y qué tipo de ciudad se pretende construir.

La conciencia del votante debe estar a la altura del desafío. Los diferentes escenarios coinciden en muchas promesas rotas y esperanzas defraudadas. Por eso, esta elección tiene un valor práctico que marcará el tono del futuro cercano y mostrará si los ciudadanos están dispuestos a tolerar más de lo mismo o a exigir un cambio verdadero. Elegir con discernimiento es la primera forma de defensa contra el retorno de los vicios que tanto daño causaron a la institucionalidad de los diferentes municipios del Alto Paraná.

Votar no debe ser un acto impulsado por fanatismos, simpatías momentáneas o lealtades vacías. El voto consciente se construye con reflexión, con la mirada puesta en la ciudad que se desea para las próximas generaciones. Esa es la obligación moral del ciudadano que debe materializarse en cada acto. Todos los distritos necesitan conducciones que respeten las normas, administren con honestidad y prioricen el interés general por encima de los apetitos personales o partidarios.

La madurez cívica implica también comprender que las consecuencias deben alcanzar a quienes traicionen la confianza pública, por lo que premiar a la mediocridad es un acto de impunidad y privilegio para la corrupción. Cuando el pueblo vota con convicción y luego exige coherencia a sus elegidos, se construye una comunidad con justicia y de mayor dignidad.

Este domingo, el voto de cada persona habilitada para sufragar será la manifestación de su esperanza, su compromiso y su visión de futuro. Ese derecho, deber y función pública, tiene que ser ejercido con libertad, pero atado a la razón y el deseo sincero de ver prosperar a su comunidad. Los municipios que tienen liderazgos íntegros y ciudadanos conscientes de sus derechos y obligaciones, son los únicos que en verdad alcanzan el progreso general.

Los comicios son pruebas periódicas para el pueblo y para las plataformas electorales. Hay que desprenderse de excusas y mostrar que el ciudadano no es necio, que comprende la verdad de su municipio, que es consciente de lo que decide y que desea que las mejorías sean para todos, no solo por una claque que lucra con la esperanza comunitaria.

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