Editorial

En la espera de estar mejor

A escasos días de la Fiesta Navideña y principalmente en la espera de la Noche Buena, se tiene un movimiento inusitado en todos los ámbitos de la sociedad, y hasta pareciera que mental y biológicamente uno se apresta para las fechas con sentimientos encontrados. La Navidad sigue teniendo algo de magia para el ser humano, no precisamente por la conciencia del verdadero significado de la fecha en sí, pero por su esencia lleva a despertar sentires que oscilan entre la alegría y la tristeza.

Y es así que uno piensa en reencuentros en familia y van reflotando sentimientos naturales humanos y cristianos, que en varios pasajes de todo un año no tienen la misma consideración. El nacimiento del Niño Dios, para los cristianos, debe estar acompañado de esos sentires del corazón, a fin de plantearse necesarias reconstrucciones de valores y pilares de la sociedad. La Navidad también es tiempo de paz y de amor, lo que implica perdonarse y pedir perdón. La Noche Buena, debería reencontrar a todos con el más puro sentir de solidaridad, empatía y afecto, como signo de cambio duradero que debe empezar por uno mismo.

La festividad no es un mero día más dentro del calendario, no es un sencillo momento de opulencia. Es un espacio de regocijo por el nacimiento del Redentor del Mundo, para los cristianos, e incluso para aquellos que profesan un falso escepticismo un tiempo de saber ver necesidades ajenas. También es un lapso en el que es importante hacer evaluaciones en escala de preponderancias, pues el relativismo moral y el hedonismo nos empujan a despreciar lo verdaderamente relevante.

Para muchos, la Noche Buena será inundada de alegrías por reencuentros, bullicios de chicos recorriendo las casas, expresiones de afectos, mesas repletas de lo mejor en alimentos, intercambio de regalos, brindis, bailes, etc. Pero existe la contracara de lo habitual, pues no todo será sonrisas. Se viven realidades tan dispares como la experimentada en la sociedad. La contrapartida de esta felicidad ocupará a familias enteras que en el silencio de afecto ausente escuchará el júbilo ajeno, la alegría de otros. Muchos hogares deberán conformarse con reflejos de ilusiones y esperanzas para llenar mesas vacías. Hay mucha carencia desoída pese a sonidos de la miseria que en ocasiones está al lado de propias viviendas.

Existen hogares donde el pedido devastador del hijo que clama por lo que ve en otras casas, calará profundamente en corazones de padres impotentes por las desigualdades humanas, sin oportunidades, sin futuro. Dolores que la pobreza material deja en mentes y almas. El derroche debe dejar de ser normal en un país donde hay extrema pobreza. Pero no solo lo material se necesita, pues existen vacíos que no se llenan con metálico. Ausencias ocuparán la necesidad de abrazos y cariños.

Ausencias de padres, madres, parejas, hermanos que se encuentran en otros países buscando mejores horizontes. Añoranzas eternas que duelen más en eventos como los presentes. Lágrimas que materializan lo que no se puede describir. Una nueva Navidad con las mismas disparidades, pero que pueden ser minimizadas por la conducta general. Antes que ocuparse en llenar mesas con infinidad de alimentos o desperdiciar siderales montos en bebidas o petardos, se debería recordar a quienes no poseen la misma suerte, y compartir.

Al final de cuentas eso también significa Navidad, pues ella nos llama siempre a la solidaridad.  Egoísmos y avaricias no pueden prevalecer en la noche de amor y de paz. Solidaridad, al igual que José y María buscaron en una noche como la que vivirán los paraguayos. Y cómo hasta el propio Hijo de Dios no exigió más que lo que se tenía en el corazón, un plato de alimento, un pequeño regalo, un abrazo, un momento de atención, una plegaria, serán más que satisfactorias para sufrientes sociales, desamparados y que con las manos vacías recibirán conmemoraciones.

La ciudadanía se verá reconfortada con el gesto que más lo engrandece. Algo que ha sido tradicional en la conducta del paraguayo. Y eso debe ser legado para los hijos. Ejemplos que se replicarán en el presente y futuro, y que sostendrán la tan necesaria reforma de la sociedad. Vivenciar estas fechas bajo principios propios, y apelar a la bendición del Niño Jesús, para que llene de amor y paz cada hogar paranaense y paraguayo, también sumará para que se pueda estar mejor. Vivir este tiempo en comunión con Dios y con nuestros semejantes, forma parte del anhelo de tiempos mejores.

En la espera que el año que se aproxima se tengan desde el poder acciones concretas encaminadas al bienestar general, y la tan necesaria erradicación de la corrupción estatal, el pueblo debe también hacer su parte, viviendo lo correcto y exigiendo que se actúe en consecuencia. Reivindicar la honestidad como principio rector de conductas de todos, es menester ciudadano. Consciente de ello, el 2024 debe ser el despegue definitivo para el país. El compromiso es general.

Desde el Diario TNPRESS, directivos, periodistas y todo plantel de funcionarios, una vez más, coincidimos en el deseo y esperanza de tiempos mejores para todo el pueblo paraguayo, por lo que sumamos nuestras plegarias para que el Niño Jesús bendiga los hogares nacionales, y permitan a nuestros lectores y amigos, un próspero y bendecido año.  FELIZ NAVIDAD Y UN VENTUROSO 2.024

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