Editorial

Una sociedad “tavy”

El transcurrir de la humanidad ha presentado casi siempre a filósofos de la ignorancia, liderazgos mediocres y una sociedad crédula en todo lo que no puede confirmar usando la razón. No se incluye en este apartado a la gente normal, a la que entiende que la ciencia ha desnudado a “brujos”, desechado profecías necróticas venidas de venusinos, desacreditado a mesianismos de energúmenos, curado enfermedades que mataba a miles por sostenerse en una suedo fe en la hoja de banano y en piedras basálticas “bendecidas”.

La ciencia incluso ha mostrado a mentes rectangulares que la Tierra “dejó” de ser plana hace bastante tiempo, y que son cada vez menos los ególatras que creen que el sol gira alrededor de ellos. Estar informado es totalmente distinto a atesorar fakes, y tener como fuente de “noticias” objetivas a las redes sociales. Es lastimero que en este tiempo se siga expandiendo ideas descabelladas sobre acciones de los “illuminati” para controlar a la humanidad con chips venidos en vacunas o que colocan caducidad a la vida de los inmunizados.

Desde este apartado, se debe decir que lastimosamente la vida de un ignorante no valdría tanta inversión como para que un conglomerado de “diabólicos” seres maneje miserables existencias de quienes no entienden que virus y bacterias pueden matar, y que de por sí ya son absolutamente manejables, vulnerables, influenciables. Existe una industria de la desinformación, y es sobre ello que sí caben las dudas de los reales objetivos de los “anti-vacuna”, pues es definitivamente rebatible vídeos preparados y tendenciosos.

Casi 20 mil muertes no sirven para conciencia y no es una cuestión solo de paraguayos, sino de un mundo con creencias medievales y teocentrista. Una científica, con 30 años de preparación en el estudio de virus, bacterias y acciones para mitigarlos, pesa mucho más que el parecer de un nutricionista mediático que ni siquiera en lo suyo se destaca por “ciencia”. Louis Pasteur’s, Max Theiler, John Franklin Enders, Albert Sabin, y otros grandes propulsores de la vigencia del uso de vacunas para combatir enfermedades y ganadores de premios Nobel de Medicina, deben rendirse a la creencia de médicos de la talla de Villalba o Rodríguez?.

La sociedad “tavy” prefiere populismos, y con ello afecta a los demás, primando un egoísmo ignorante que se cierra al ocultismo como único real, desechando cientos de años de crecimiento intelectual encaminado a mejorar la humanidad. Y como “quod natura non dat, Salmantica non praestat”, se tienen a médicos y enfermeros con el mismo tino de quienes ven teorías conspiratorias, por falta de aggiornarse en su propia ciencia.

Querer comparar tiempos para hallazgos de inmunizantes con el proceso para comercializar la penicilina, es tan igual que comparar el tiempo empleado en buscar en libros de bibliotecas de países lejanos dicho proceso y el utilizado para “googlearlo”. La tecnología es una realidad más allá del presente, y lejano del pasado. Esto es una cuestión de sentido común, caso contrario ni siquiera se pudiera expandir con la facilidad de un clic  tanta basura tomada como verdad.

El despropósito más ignorancia, solo conduce a un punto cardinal y no precisamente es el norte para el bienestar. Analizar objetivamente, es lo que cualquier persona con “todos los sentidos” debe hacer diariamente, hasta para caminar. En la práctica las verdaderas “ratas de laboratorio”, y “zoombies” son aquellos que se congratulan por ir contra lo que se denominada “sistema”, pero se les cae la baba porque un fulano grita y desprestigia a quienes tienen más materia gris, más años de estudios, más año de esfuerzo, y muchísimo más acción en pos de la población.

Ser explotador de guardias de seguridad, no da el aval necesario para erigirse como acopiador de fakes news, y propalador de lo que la limitada capacidad mental ofrece. La libertad tiene como pilar hacer lo correcto. Mientras la ignorancia no afecte a terceros es tolerable, pasando ese límite es exigible separar bestias. En pleno siglo de la información y tecnología, se sigue teniendo a cavernícolas que prefieren denostar a la rueda y maldecir al fuego. Respetar la inopia de razón no contempla aceptarla.

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