Editorial

El azul desteñido

Los liberales radicales auténticos celebran un aniversario más de aquella gesta contra el gobierno colorado del presidente Juan Gualberto González, que fracasó, pero tiene mayor relevancia histórica para el grupo político, incluso más que la fecha de fundación. Este aniversario, debería estar marcado por una algarabía sin igual, pero la realidad del partido azul dista mucho de lo que verdaderamente debería estar experimentando.

Luchas internas que no terminan, solo debilitan a la centenaria agrupación, y dejan muy mal paradas a sus autoridades, los conducen al mismo círculo vicioso que por décadas sucumbió al partido. Los intereses personales siguen primando en muchos de los principales referentes del liberalismo, que en vez de colaborar en fortalecer al partido, y al país, prefieren intentar por los medios no válidos alcanzar protagonismo.

Los liberales conforman el principal bloque opositor en legislativo y como tales deberían  ser los más preocupados en sacar a flote al país y ser los más celosos custodios del cumplimiento de las normas y proyectos beneficiosos para el pueblo. Con el mismo nivel de vehemencia que se “enfrentan” así mismos, criticaron la no vigencia de prebendas a favor de sus adherentes. Buscar alternativas para combatir la pobreza, la falta de seguridad, la carencia de salud pública y tantos otros aspectos que necesitan de patriotas liberales, sin necesidad de cargos, debería ser criterio unificado.

El poco entendimiento entre los mismos liberales ha sido contrapeso para derrotas sucesivas en elecciones. Por mucho tiempo, varios liberales fueron más “colorados” que los mismos afiliados, con el afán de ser tenido en cuenta en base a angulemas y detracciones a mismos correligionarios, que no precisamente sumó en positivo. Estas mezquindades fueron enemigas más fuertes del PLRA, que intenta salirse del molde de “vendido”, al que se adecuaron algunas de sus figuras. Se necesita una revaluación total de la conducción política del partido. Pero como no hay mal que por bien no venga, todas estas acciones erráticas y de divisiones egoístas, sirvieron para  visualizar mejores horizontes para la unidad coyuntural de los buenos liberales. Si bien en la esfera política todo es probable, en base a enojos se pergeña el “reencuentro” liberal, que de cierta manera puede reconducir el partido a una fuerza real y poder al menos soñar con alguna vez ser Gobierno.

Todo pasa, primero, por el cumplimiento de los principios políticos y no politiqueros. Si existe voluntad de conducir, o ayudar a conducir al país a mejores horizontes sería bueno echar ojos hacia el pasado de esta nucleación partidaria, que con más luces que sombras administró el país en épocas de tortuosas realidades. Patriotas que hicieron propias vicisitudes de la población y vivieron con y para la gente. Mezquindades solo sirven para mesianismos y retrocesos dañinos.

La ciudadanía sigue esperando mucho de un partido que hasta el momento solo decepcionó. Se hace patria no solo copando cargos públicos, sino cumpliendo fielmente roles asumidos con promesas y juramentos de fidelidades a la Constitución y al interés del pueblo.  El Paraguay requiere de liberales serios, líderes políticos con algo de patriotismo y con interés de legar acciones positivas para el presente  y el futuro.

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