Editorial

ANR y PLRA nunca más?

Resulta hasta simpático observar la absurda hipocresía y desespero de Miguel Prieto, guiado por un lazarillo con ceguera plena en coherencia, que de fustigar a quienes considera parias de la sociedad a colorados y liberales, pase a abrazarse con lo peor de ambas organizaciones políticas. Cuando se hace referencia a lo “peor”, se puntualiza a zacaristas y seudo liberales, a los que tanto criticó y critica como bandera electoral.

De “niño prodigio”, pasa a ser el hazme reír, mostrándose ignorante, soberbio y corrupto. Y esto en tan solo dos años de gestión. Por qué juzgar con severidad a un imberbe? Sencillamente porque prometió ser diferente y desterrar nefasta prácticas de la no transparencia y negociados en la comuna, pero los potenció. Mba´e pio pea?

Genera repulsión, para los no fanáticos, ser testigo de tanta falsedad y bravuconada de la versión actualizada de la misma masa mediocre de la que se crean politiqueros.

No existe forma de justificar la conducta del “naranjadito” y hoy antes que poner pecho a la falta de ética, y a los antipatriotas, se esconde pues no tiene ni coraje y menos responsabilidad de asumir sus dichos.

Disparatero y falto de conducta, deja su “play” y sale a abrazarse a quienes vomita. Mentiroso y manipulador, tan calcado del molde de quienes dejaron huellas nefastas en la capital departamental y contra quienes se luchó para desterrarlos del poder municipal.

Se construye bajo el mismo cimiento, por lo que el resultado no podrá ser diferente. Rodearse de escombros, ¿difiere del resto de los candidatos? Entonces se es más de lo mismo, o peor.

Todo apoyo logrado es bajo compromiso, que más temprano que tarde, debe pagarse, preferentemente con dinero del pueblo. Al juzgar “apetitos” de los “nuevos” prietistas, saldrá muy caro a la ciudadanía.

Sin tener en cuenta la ideología desfasada que profesan los asesores, lo que se enfatiza es el actuar como autoridad, cuyos resultados no pueden ser ocultados, ni por el más perro faldero del equipo político que lo endiosa.

La comunidad, lastimosamente, deberá tener que elegir entre seis (6) y media docena (6), siendo una falacia que exista distinción en materia de malvivencia, hurreros y proyectos. La misma maquinaria institucional para financiar campañas, la misma prebenda para apoyos y la misma verborragia inútil como proselitismo.

Pillines que se visten de la misma inmundicia no son el cambio, al menos de lo útil para la generalidad. La ciudad necesita dejar la vieja práctica  y asumir su rol de crear mejores condiciones para sus habitantes.

Un líder positivo es significativamente relevante para crear esas condiciones, pero es primordial una población que marque las pautas a quienes asuman el poder comunal.

No sirve la posición fanática de solo ver lo supuesto positivo de gestiones pero obviar lo sucio en la administración pública. Esto se repitió por una década en el Este y no se puede seguir tolerando a megalómanos que ensanchan bolsillos propios y de séquitos que en jauría se desenvuelven.

Los tiempos cambian, por lo tanto esa evolución debe alcanzar también a los actores políticos, que se disfrazan de ovejas, pero no pueden evitar mostrar apetito de lobos. La comunidad debe estar muy atenta y juzgar conductas, antes que dichos, pues de perorateros ya se tuvo suficiente.

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