Editorial

Mediocridad en liderazgos

Lejos de diferencias, recrudeciendo conflictos entre políticos locales, se denota nada más la esencia plena del real interés en solucionar males o situaciones, por más ropaje de interés que se quisiera dar, más todavía en el contexto electoral. Más de lo mismo, cada quien por su lado, dimes y diretes constantes, directos y cansinos. Una autoridad tiene la obligación, no solo moral, sino legal de representar las inquietudes ciudadanas, hacerlas suyas, pero para que se conduzca a una solución conveniente, no a sus intereses sino a la población.

Utilizar tarimas para vociferar que fulano o zutano no hace en forma correcta su trabajo, y sobreestimar capacidades propias, casi al sobrenaturalismo, es el síntoma más evidente de una megalomanía patológica que necesita atención médica. Las autoridades fueron electas para dar o intentar dar soluciones a los problemas sustanciales que afectan a una ciudad o departamento, y no para justificarlas.

Todo el tiempo escuchar críticas hacia contrincantes políticos, y buscar “trabar” emprendimientos, dice mucho de quienes se erigen hoy como paladines de la justicia. Criticar es una manera burda de elevar cortinas de humo, para esconder mediocridades. El pueblo eligió a sus autoridades no solo para alharacas. A la ciudadanía no interesa de qué sector provengan las soluciones, sino que se den acciones contundentes, claras, no politiqueras o populistas.

La transparencia en gestiones administrativas es materia pendiente, de eso no hay dudas, y pese a contratar espacios pagados en los medios de comunicación para demostrar cuan clara$ son sus gestiones, es difícil tapar al solo con un solo dedo. Dedicarse a trabajar debería ser lo principal y no solo mostrarse bravucón.  Gastar energías para intentar perjudicar a otros, o utilizar medias verdades para  ello, no figura en el cuadro de obligaciones de autoridades que quieren volver a ser electas por el pueblo, y pagadas por ella.

Dar soluciones conjuntas entre las instituciones oficiales, es un paradigma de sociedades modernas y despejadas de mediocres personalidades. Generar trabas por conflictos políticos, no ayuda a crear ninguna ambiente saludable o de mejores servicios. Ciudad del Este sigue con la misma estructura vetusta, pero en este tiempo, con mucha responsabilidad política que prefiere poner palo a la rueda, con fines electorales.

Es momento de madurar y dejar de lado intereses personales o políticas y dedicarse exclusivamente a traer soluciones no alocuciones. Solo un pueblo carente de yodo puede alegrarse porque sus autoridades se enfrascan en egocentrismos. El bienestar general debería gobernar conductas de quienes llevan en sus manos la confianza del pueblo.

Ser protagonistas de bochornos, o mandar criticar actos de dirigentes no genuflexos, no se ajusta a un verdadero dirigente, menos a algún líder positivo. Solo mediocres usan chantajes legales, para buscar destruir adversarios políticos. La gente no es tonta, y no por la suciedad ajena, se olvidará la inmundicia de quienes fingen ser diferentes, pero son peores de quienes critica.

Últimas

Inicio