Editorial

“Bravucón”

El valiente solo en la apariencia, o el que grita como respuesta a cuestiones no agradables para su conveniencia, no tiene nada de estratega y menos de medianamente inteligente. Si bien funciona por un tiempo la aplicación de técnicas de populismo barato, se disuelve ante un público mínimamente consciente y ni que decir ante rivales con preparación básica en administración pública.

Miguel Prieto, resulta ser tan básico, que al típico estilo de Sandra Zacarías, no tiene capacidad de salir del libreto que le imponen mediocres asesores, o definitivamente tiene una limitación intelectual que como instinto ante cualquier consulta sobre eventuales fechorías, debe acusar de vendidos o alquilados a todos quienes osen apuntarlo.

El penoso espectáculo brindado en el mal llamado debate organizado por Codeleste y la Cámara de Comercio, mostró la preparación de quien se auto-asigna excelente gestión, pero sufre de innúmeras denuncias por hechos irregulares ante el Ministerio Público. Es imposible no ceder a la tentación de compararlo con quienes fueron satanizados por su propio equipo político, que hoy lo encamina a convertirlo en un vulgar portador del legado del zacariismo.

Sin discutir el arrastre popular de ningún postulante a la intendencia, hay conductas que delatan quien es líder, y quien es marioneta. Y ambas características dependen de valores personales, carisma, nivel intelectual y voluntad. Bravuconadas no responden a cuestionamientos, ni garantizan transparencias. Hay un fanatismo de un sector tan calcado que no se logra diferenciar paternidad del que iba a ganar elecciones jugando play.

Hay más ofensas y ataques que propuestas, quedando demostrado que la politiquería no es propiedad de un partido político en específico. Y por qué llama la atención esta nefasta práctica puntualmente en el muchacho?, pues por su promesa de diferencia, de cambio. Los hechos son concretos, por lo que siempre tendrá más peso que palabras.

Guste o no a los “naranjas”, está a la vista de cualquier persona que no “come vidrio”, que la opción no es distinta y así como están las cosas ni siquiera en gustos íntimos. Si bien “pegó” en su momento la ofensa como electoralismo, ello no basta para ciudadanos que tienen sentido común. Arrogantes ocuparon intendencia por años, pero fueron “botados” por la puerta de atrás y ello no debería pasar desapercibido para el imberbe que toma victorias ciudadanas como suyas.

La megalomanía también es cercana a la memoria de quienes se creyeron todo poderosos, pero hoy viven escondidos como ratas, pues temen el escrache del pueblo. Se percibe en el ambiente algo de desesperación, contrariamente a lo que se intenta vender. “Un burro puede fingir ser un caballo, pero tarde o temprano rebuzna”. Confiar en lazarillos, se justifica cuando se es ciento por ciento ciego, pero no se puede seguir pecando de necio cuando hasta hay olor a podrido.

Eventualmente de un nuevo periodo al frente de comunas, es importante no perder de vista que si bien en “tierra de ciegos, el tuerto es rey”, ello no es estático. La tolerancia comunitaria es cada vez menos hacia administraciones con resultados mediocres, independientemente a apelativos. Si no se cambia de conductas, epitafios políticos estarán a la vista más temprano que tarde. Accidentes electorales no se repiten de manera periódica en municipios con gente que conoce y vive sus derechos y obligaciones.

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