Editorial

Las presiones políticas “diferentes”

Las viejas prácticas de intimar al trabajo político-proselitista, de recolección de afiliaciones, firmas, manifestaciones, llamadas telefónicas a los medios de comunicación, o apoyos en redes sociales, a funcionarios dependientes, que se creyó cosas del pasado nefasto, prospera en pleno periodo del “cambio” en la comuna esteña, tan similar que hasta en tendencias coinciden los autodenominados “líderes”.

La intimidación puede seguir teniendo cabida en administraciones donde en teoría prima el respeto a la dignidad humana. Obligar a trabajos fuera de lo remunerado, bajo la “picana” de ser despedidos o no re-contratados es una coacción criminal de quienes tiene la idea que liderazgos implica actuar como déspotas. ¿Diferente?. Utilizar influencias, cargos, estatus para imponer opciones partidarias, no tiene nada que envidiar a épocas dictatoriales, donde la ley del más fuerte era la manera de vivir democracias. ¿Se fueron los déspotas?

La manera de hacer política, o mejor politiquería, no tiene más efecto que generar molestias en la gente sobre el cual se ejerce mando, y al final puede tener una consecuencia totalmente negativa a las pretensiones iniciales. Que lo digan quienes hoy respiran desde la llanura. Ni “naranjas”, colorados, liberales, izquierdistas pueden redituar formas pre-históricas que tanto criticaron en su momento. “Invitaciones” a actos políticos no se encuadran dentro del intento de des-politizar a una institución tan vilipendiada por nefastas politiquerías de titulares.

Fomentar lo que se criticaba tanto desde la vereda de enfrente, es una hipocresía bárbara de falsos patriotas. Seguir insistiendo en liderazgos autoritarios, y subyugar a funcionarios solo funciona sobre quienes carecen de personalidad y de amor propio. Falsedades demostradas en público, donde se aparece como vestido de cordero, y ante subalternos dar a conocer interioridades, terminará por ahuyentar antes que aglutinar. “Imperios” pueden caer.

Vivir como esbirros dice muy poco de quienes pretenden realidades diferentes para sus hijos y seres queridos. Denunciar lo incorrecto, criticar lo irregular, y luchar contra opresiones, es de patriotas que aman a su ciudad y a sus familias. La dificultad para encontrar una fuente digna de trabajo, no puede seguir siendo el verdadero impulso para ser genuflexos a voluntades despóticas de mediocres bravucones. Un país diferente, un departamento más digno y una ciudad más justa, solo podrán erigirse con administradores coherentes con los principios democráticos.

La falsa concepción de que amedrentando se crean buenos “soldados”, puede conducir el certero camino de “conspiraciones” y derrocamientos. Practicar la política de verdad, es dejar de generar zozobra para mantener supuestos poderíos. Presionar es sinónimo de temor, y es evidente que la realidad hizo salir del “juego de play” al imberbe soberbio.

Obligar a accionar, no sería necesario si de verdad se tiene respaldo del pueblo, y el aprecio de adherentes que a cada tanto son expresados en acto públicos. La visión de ayer no sirve como herramienta para avanzar hacia pretensiones superiores, y más bien puede tener un efecto “boomerang” y terminar por hundir. Todo está en riesgo. Mantener intendencias, no será tarea sencilla.

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