Editorial

La impostura generalizada

Pese a no ser nuevo, sigue penoso, engorroso y hasta vergonzante la manera de hacer política por parte de autoridades locales, que son expertos en cubrir verdades y ensalzar pocas acciones con el dinero del pueblo. No deja de sorprender la falta de rubor en el rostro de quienes manejan los hilos de gobiernos sub-regionales que hoy de nuevo desde tarimas vuelve a implorar apoyos para seguir al mando de comunas.

Es de torpes querer minimizar denuncias y manifestaciones que exigen cumplimiento de promesas, pues la realidad no tarda mucho por aparecer. No son cuatro o cinco los que reclaman mejores tiempos para Ciudad del Este, sino la ciudadanía, la que percibe show mediáticos y acciones populistas que solo restan la posibilidad de crear mejores tiempos para todos.

La población no es torpe, y a medida que pasa el tiempo aprende que falsedades de autoridades deben ser sancionadas. Es un mal generalizado en la clase política la hipocresía y la falta de cumplimiento de promesas. ¿Cómo puede cambiar tan rápido criterios de legalidad? Sencillamente dependiendo del apoyo o críticas. El que apoya, ensalza, respalda y compromete votos no es transgresor de la ley, sino gente humilde, honesta y  trabajadora.

Pero contrariamente, cuando esta misma gente pasa a reclamar el incumplimiento de promesas, pasa a ser ilegal, y un puchito insignificante. Esta es la visión del 99,9% de autoridades políticas que nos manejan. La falta de compostura moral en esta clase dirigencial es el mal ejemplo que solo fomenta más de lo mismo.

Las críticas son para recogerlas, evaluarlas y buscar resolverlas, no desvirtuarlas por desvirtuar. Tener “capangas” pagados con dinero del pueblo para aplaudir, glorificar y eliminar cuestionamientos con falsedades, es actitud de la publicidad del  nazismo. La gente que no come vidrio, la que se preocupa y ocupa de su comunidad, ve esto y es consciente  que no todo el tiempo es posible falsear verdaderas personalidades.

La ciudadanía merece mucho más de mera retórica, o bravuconadas al estilo de orgullo herido. El comportamiento ético es fundamental en el marco de la reingeniería moral de la ciudadanía. La sociedad de por sí corroída necesita de comportamientos diferentes. Las autoridades no solo deben administrar el dinero del pueblo en base a populismos, o para generar angulemas.

La idea de la política debe despegarse de la politiquería, pues al final será el ancla que frene cualquier pretensión de superarse o mejorar.  Es momento de proponer otra forma de convencer y no actuar con maquilladores. La ciudad, el departamento y el país, necesitan de respuestas concretar a males perentorios. De la misma manera urge autoridades verdaderamente patriotas, y no de simples ilusionistas.

La base moral en cualquier estamento es fundamental, pues eso indefectiblemente se trasladará a  labores oficiales. Nuestra situación no necesita de personalismos, sino de unidades en torno a un objetivo común, por sobre banderías políticas, religiosas o ideológicas. Pasar a este nivel será el inicio de la construcción de nuevas realidades.

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