Editorial

El cuento de las encuestas

Ya característico de la política criolla regional, más aún en tiempos electorales,  todos los aspirantes de partidos políticos  a la intendencia municipal, exponen públicamente “la opinión ciudadana” a través de las famosas y obedientes encuestas de opinión. Y de ellas se desprende que dan ganadores a quienes contrataron los servicios de las múltiples “empresas” encuestadoras así como los pasquines,  sean ellos de papel o digitales.

Alguien alguna vez ya escuchó hablar de algún sondeo encomendando que no le diese buen respaldo al que paga por ello? Al menos en Ciudad del Este y alrededores no.

Los márgenes de preferencia sorprenden hasta a los mismos protagonistas. Son tan irreales que no sirven ni para persuadir al más incauto ciudadano. Puro cuento, cuento de las encuestas.

Lamentablemente esta herramienta, por su maleabilidad, hace bastante tiempo perdió credibilidad, y no existe rigor que pueda dar fiabilidad objetiva, por la consabida circunstancia del pago.

Las “tendencias” pasaron a ser manejados conforme a intereses.

Para comprobar esta hipótesis nos basamos en la siguiente tesis: no puede concebirse que un sondeo de opinión pueda arrojar diferentes resultados sobre un mismo tópico y en el mismo universo, bajo las mismas “condicione$”.

El propósito no es precisamente tener un panorama de la percepción ciudadana sobre postulaciones, sino utilizarlas para influir en forma anticipada en los futuros electores, aunque este principio somero, ya no surten efectos persuasivos, al menos en las personas que tienen sentido común.

Es un hecho que en este tiempo, a cada semana irán surgiendo modelos estadísticos donde los números serán favorables para cada candidato. Las “muestras” indican preferencia hacia todos los candidatos, mediante universos dudosos, o realmente direccionados.

Las encuestas direccionadas a favor de “patrones”, se convirtieron en una herramienta de la politiquería contemporánea, y solo honrosas excepciones se acercan a lo objetivo y real.

El camino para buscar intendencias y concejalías demuestra calañas y nivel del juego sucio, cuando deberían generar planeamientos y puntos de partida para avances. Y en esto el 99% de postulantes, incluido el “diferente”, carecen.

Penosamente la manera de encarar campañas es típicamente tercermundista, de comunidades que aún no evolucionaron, y viven de la  práctica del “canibalismo” como método de llegar a la gente.

En otros países medianamente serios, se discuten programas de gobierno, proyectos de envergadura y la solución a los males sociales. Acá se prefiere amenazar con “sacar a luz” supuestos acuerdos políticos, antes que explicar asquerosos robos del erario público.

Proponer  sí constituye una campaña electoral, y no retóricas cansinas de furibundos ataques solo para denigrar. La pelea canina por el “hueso” debe terminar.

Míseramente lo criollo sigue predominando por sobre la verdadera política que busca el bienestar general de la ciudadanía y no de intereses personales.

El que es capaz de mentir, o someterse a mentiras con improperios o encuestas truchas, nunca podrá ser un correcto administrador, pues el que alardea con falsedades o manipulación de datos, también lo aplicará en cargos.

Esta realidad inalterada hasta el momento, llama a la población en general a iniciar ese proceso de renovación total de la manera de encarar campañas políticas, exigiendo ideas antes que verborragias. Asimismo, “arreos” para reuniones políticas, gastos del dinero público en electoralismos, deben dejar de ser corrientes en una región que apunta a verdaderos cambios, y a presentar  líderes útiles.

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