Editorial

La “religión” del poder y dinero

La genuflexión es un gesto por medio del cual los fieles adoran a Dios. En la iglesia latina, este gesto consiste en flexionar brevemente la rodilla derecha hasta el suelo, con el torso erguido, al pasar por frente del sagrario cuando el Santísimo Sacramento está reservado, o al entrar a una iglesia si el sagrario es inmediatamente visible. Es un acto de sumisión.

A nivel “pagano”, estas prácticas no tienen nada de santo o cristiano, sino más bien de un penoso sometimiento a pensamientos, ideas, posiciones y costumbres de muchos que ostentan el poder, y se autocalifican líderes. A diario se tienen plenas muestras de esta acción, y hasta en la Policía,  el Ministerio Pública y ni que decir el Poder Judicial,  que hacen de muchos verdaderas marionetas, que bailan, cantan, ríen, lloran, dejan pasar delitos, manipulan resoluciones, e imputan, a la voluntad de preceptos de la “religión” del poder político y dinero fácil.

El alineamiento como manadas, a la orden de la picana, es tan penoso como denigrante, pues hace de seres humanos títeres sin pensamiento o libertad de acción. La libertad es el bien más preciado de la humanidad, y siglos han pasado como para que medianamente se pueda ejercer ese derecho innato de pensar y actuar bajo el dictamen de nuestras conciencias.

Someterse a humillaciones con tal de complacer egos enfermizos, coloca a Jefes Policiales, fiscales y jueces, en el nivel de juguetes a control remoto, que al presionar un botón cumplen órdenes. Ni que decir cuando se “bautizan” medios de comunicación que de la noche a la mañana pasan a ser fervientes “religiosos”.

Los nuevos tiempos no necesitan de esta clase de representantes del pueblo, impartidores de justicia, y menos exponentes de las fuerzas del orden,  si no de personas íntegras, honestas, patriotas y libres de ataduras políticas de poder o agradecimiento por los cupos, cuya única responsabilidad sea velar por el bienestar general.

La falta de mentes pensantes por sí sola, favorece perpetuidades de irregularidades en manos de tiranos cuyo fin primero es satisfacer pasiones y vanidades. Ser ventrílocuo, y tener en el regazo a quienes en teoría deberían de ser defensores de lo público, es sencillamente aberrante para una comunidad que creyó en tiempos mejores y lastimosamente debe entender que detrás de la silla está el que verdaderamente marca las pautas, y “hace hablar” al resto.

El actuar como si fuera pertenecer a otro, es una de las modalidades renovadas de esclavitud al que se someten políticos que desean seguir disfrutando de los beneficios de ser “muñeco” de otro. Este sometimiento llega a colmos de exposiciones públicas de bondades en referencia a la persona y actuar de su líder.

Lo más penoso, es que esta “genuflexión” es consentida y aceptada por quienes sufren ese vejamen, a cambio de la fresca viruta de ostentar cupos en la citada “religión”. Despertar de ese letargo intensivo y comenzar a respirar por mandato propio, es el comienzo por recuperar la dignidad perdida por las ansias de poder y dinero. Reconocer que todo tiene su fin, y que el castigo llega tarde o temprano, debe ser interpretado como inminente y real. La genuflexión no puede seguir dándose frente a quienes dan dinero malhabido y el incorrecto ejercicio del poder.

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