Editorial

La aproximación a la igualdad

Temor, desespero, muertes, dolor, son la coincidencia que somete a casi la generalidad ciudadana, incluso a quienes superan a la mayoría en poder económico y político. Quizás con comodidades distintas, pero sentimientos calcados hay una aproximación a la igualdad, que debería impulsar acciones más concretas.

El Covid-19 ha marcado una incidencia insuperable para ricos y pobres, pues las posibilidades de daño, si bien aún marcan una distancia notoria, lleva cada vez más a los mismos sitios asistenciales. Las probabilidades de acceso a cuidados médicos especializados, equiparan; y por sobre todo la muerte acecha en el mismo rigor.

Esta es una realidad que disminuye distancias entre la ciudadanía, por lo que despierta similitudes que deberían ser de mayor empatía y solidaridad. La pandemia  muestra que intocables también mueren, y que el mundo está arrodillado de temor. Los valores humanos parecen más presentes, al menos en Paraguay.

Las probabilidades de un “apocalipsis”, no son solo cuestión de ciencia ficción, y ya se vive en los hospitales. La carencia estructural en salud para manejar tamaña circunstancia, los desubicados, inadaptados y resentidos sociales, que creen que todo esto no es más que una “exageración”, complementan la situación caótica. La historia siempre está marcada por cobardes, inmorales e inconsecuentes, que perjudican a la mayoría.

Hay comprensión mayor, que se enfrenta una crisis sin parangón, y que es significativo ser caritativos, así como que es difícil vivir sin los demás. El ser humano es por esencia un ser social, que se altera con facilidad cuando se rompe el modo “automático”, pero que sirve para generar mayor espacio de razonamiento y reflexión. A nadie gusta estar encerrado, por más agradable que fuera la compañía, pero el padecimiento no es mejor opción.

Todos por igual, todos juntos en la distancia, pero anhelando lo mismo, hubiera tenido mucho más efecto si los ignorantes tuvieran al menos sentido común. No hay que por mal no venga, por lo que la supervivencia no será el único logro, sino el aprendizaje de que como humanos, se es frágil, mortal, y que desde la ventana se puede ver un mundo diferente.

Este es un proceso, no solo de salubridad, sino de crecimiento, al menos debería ser. Hoy la vida tiene un valor mucho mayor que la acumulación de riquezas materiales, en la mente de aquellos que siempre cimentaron sus acciones en bienes materiales. La vida es un soplo, y de la noche a la mañana, todo puede cambiar. El estatus social, o residir en el Country, no inmuniza a nadie, y eso ya está más que comprobado.

Se puede visualizar con claridad que la conducta de uno, puede afectar a todos, y que, si la generalidad hace lo correcto, todos se salvan. Lo contrario genera miles de enfermos. El pan debe ser para todos, y la atención médica también. La conducción del país, y de la ciudad, deben tratar de mostrar que no son resultado de  malas elecciones, y que han adquirido luego de erráticas gestiones la inteligencia y fortaleza necesarias, para navegar en tormentas como la presente.

Sin privilegios, con justicia, con igualdad, el panorama hubiera sido diferente. Lo correcto requiere a la población total, sin distinción. Los lechos ya no son diferenciados, así como los procesos de exhumación, pues comprender que los peldaños están cada vez más cerca, capaz regenere a la sociedad que tiene hoy el desafío de sobrevivir.

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