Editorial

La conducta general es mejor que solo criticar

La falta de llegada de verdaderos mejores tiempos, por medio de acciones positivas, se debe a la multiplicidad de factores políticos que circulan en el mismo del poder, repetido periodo tras periodo, como un verdadero círculo vicioso. Todos los sectores, sean oficialistas, opositores y los que están al mejor postor, presentan despropósitos para que el Paraguay no avance hacia mejores servicios públicos.

Desde el mismo poder máximo lo errático es la constante, y la burocracia proposital se antepone a proyectos que puedan traer alivios a males perentorios. Lo difícil es ser un buen presidente y atarse a la coherencia de ideales patrióticos y la búsqueda de proyección de un país como corresponde.

Las responsabilidades son plenamente compartidas. Lo político, con el poder Legislativo, demuestra que la vergüenza y la ética están años luz de distancia de las corporaciones que componen el Congreso. No hay santos. Los mismos oficialistas tienen posturas tan incoherentes, pues el propósito siempre es buscar sacar réditos, o zoquetes. Muchos están a la pesca constante de obtener lucro en base a propósitos de Estado.

No hay mucha diferencia entre los partidos componentes, pues la mediocridad, el maquiavelismo, la incoherencia son coincidentes. El Poder Ejecutivo sigue en lo suyo, con posturas ambiguas, y decisiones incoherentes. Un  “flojo” como Mandatario, preocupa. Se necesita firmeza en el actuar. Todo es despropósito, de acá, de allá, de todas partes. No existe un solo estamento que de veras quiera un cambio de realidades.

El país deferente también debe nacer en conductas y maneras de pensar. No se puede trabajar por algo que no se cree, ni quiere. Tener un nuevo Paraguay es proporcionar mejores condiciones de vida para la ciudadanía, dotar de un mejor sistema de salud pública que en la actualidad es un mero boliche donde ni aspirina tienen, tener una policía cumplidora de su obligación, fomentar fuentes de trabajo dignos, proporcionar herramientas para una educación estatal que vive de la compasión de padres de familia, y por sobre todo tener a gente honesta y patriota en los estamentos de decisión, no por meros cupos políticos.

La corrupción no es un mal que vive del aire, sino una plaga que cada quien tiene impregnada en su mismo ser, y es ahí donde entran todos. En el pueblo se encuentra parte del cambio. Dejar de ser meros espectadores y cumplir con obligaciones propias de ciudadanos, suma como elemento multiplicador de oportunidades, para alcanzar el tan anhelado Paraguay con más igualdad. No existirá un nuevo país hasta tanto se entienda responsabilidades.

Los componentes del poder deben ocuparse de cumplir mandatos del y para el pueblo. Es momento de ver acciones efectivas del Jefe de Estado, y que toda exigencia ciudadana sea cumplida por los actores del poder. En gran medida si no se “empuja” desde las masas, será difícil que respondan quienes en teoría deberían legislar, administrar e impartir en pos de la generalidad.

Se critica mucho, pero se hace poco, se postea repetidamente, pero no se actúa más allá de teclados. Hay desidias, y una de ellas proviene de la ciudadanía por demás quieta, permisiva y hasta alentadora de lo incorrecto. A pocos interesa un mejor país, al parecer hasta a la propia población, a la que cuesta entender que indefectiblemente debe empujar para que ese cambio llegue de una buena vez.

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