Editorial

La auto-impresión de “buenas gestiones”

Algo común, en autoridades es atribuirse espectaculares gestiones al frente de instituciones oficiales, pero no precisamente concordantes con realidades palpables.

Basta con mirar las avenidas, espacios públicos y servicios, como para determinar extremas falsedades, para un público por demás quito para tanta mentira de sus referentes.

Ni una sola autoridad, en el presente puede catalogar su propia administración como superior a lo mediocre, pues en la práctica se hace lo que “se puede” o lo que se quiere.

No existen motivos reales para auto-halagar administraciones, a no ser que se viva en una burbuja, alimentada por aduladores que pintan insignificancias  y cuentan al oído las melodías que agradan escuchar.

Ciudad del Este y el Alto Paraná tienen más motivos para auto-críticas que auto-felicitaciones.

Todo sigue en el mismo rigor de deficiencias, desde las avenidas intransitables, hasta manejos extremadamente dudosos del dinero del pueblo. Esto se adecua bastante a las diferentes comunidades.

Teniendo en cuenta multimillonarios presupuestos, de intendencias, así como de la Gobernación del Alto Paraná, la pregunta que queda al aire es, cómo con tanto dinero la zona continúa con poco cambio? Se hace demasiado alarde de recaudaciones, pero pocas inversiones.

Se proyectan grandes obras, que no salen de papeles.

Sin menospreciar lo hecho hasta este tiempo, resulta más que claro, y numéricamente hablando, que ni si quiera el 50% de lo que podría haberse hecho se ha concretado.

Pero si bien los “espasmos”  propagandistas no deberían surtir efecto en poblaciones que mínimamente ven más allá que propias narices, muchos cree que se hace bien, se hace mucho.

Si las carencias adornan ciudades, es el fiel reflejo del nivel de sus autoridades y de sus integrantes. El equilibrio entre buena gestión y falsedades, tiene como gozne  a la ciudadanía interesada.

Existen demasiados problemas sociales, por lo que si de verdad se quiere espaldarazos, es momento de proponer acciones concretas y con menos ruido.

Mucho espejismo, por mucho dinero.

Las gestiones correctas ni siquiera merecen consideraciones, pues nada más se cumple con obligaciones legales, y remuneradas. No se despejan viejas prácticas, donde los exponentes comunales solo hablaban de “edenes”, que en la práctica se referían a propias economías logradas con dinero malhabido.

Desperdiciar siderales montos, en pasacalles, publicidades, o actos artísticos, es otro punto en contra de sobrenaturales administraciones. Existen cada vez menos cortos de sentido-común, por lo que el riesgo de perder luces y alfombra roja, deja de ser posibilidad lejana.

Todos quienes cumplen con obligaciones merecen reconocimiento, y el resto, arropados solo por marketing deberían responder ante la justicia.

Es hora de ocuparse de lleno de funciones, y no solo considerar a la administración oficial como guarida de grupos políticos.

El proceso de incremento en la capacidad de discernimiento en la población en general debería motivar verdaderas buenas gestiones.

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